Generación de Nuevas Políticas Ambientales

Buscando una política ambiental adecuada

 

16-10-09 Por Cristian Frers

 

La política ambiental se entiende como el conjunto de reglas establecidas para dirimir los conflictos y regular las interacciones entre la sociedad civil, la empresa privada y el Estado, en relación con el uso, conservación y restauración del ambiente. Es el conjunto de objetivos, principios, criterios y orientaciones generales para la protección del ambiente de una sociedad particular. La actuación pública es imprescindible para regular y controlar el uso de los recursos naturales y las funciones ambientales, con el fin de evitar la sobreexplotación o ineficiente utilización de los activos ambientales y alcanzar la sostenibilidad ambiental.

 

 

Es cada vez más alarmante como cada día aparecen en los diarios, medios de comunicaciones visuales, televisión en cualquier parte de este mundo Tierra, noticias sobre desastres ambientales, muchas devastadoras, inundaciones, terremotos, huracanes, incendios, en donde hay un gran número de victimas, todo ello, por el problema del ambiente, efecto invernadero, el deterioro que por años se ha venido produciendo en este planeta.

 

Esta realidad aunque ha sido en los últimos años preocupación por los gobiernos, especialmente por los países del primer mundo, los logros a favor de la protección del ambiente todavía no logra su verdadero objetivo, como la de responsabilizar a los países a evitar que se siga deteriorando, que realmente se respete la manera como los mercados y sus intereses afectan seriamente el medio ambiental, interesándose más en utilidades económicas, beneficios, que en la preservación del ambiente.

 

La política ambiental se entiende como el conjunto de reglas establecidas para dirimir los conflictos y regular las interacciones entre la sociedad civil, la empresa privada y el Estado, en relación con el uso, conservación y restauración del ambiente. En otras palabras, es el conjunto de objetivos, principios, criterios y orientaciones generales para la protección del ambiente de una sociedad particular. Parte del hecho de que la actuación pública es imprescindible para regular y controlar el uso de los recursos naturales y las funciones ambientales, con el fin de evitar la sobreexplotación o ineficiente utilización de los activos ambientales, es decir, alcanzar la sostenibilidad ambiental. Y en esta dirección, trata de encontrar arreglos institucionales y medidas de acción capaces de obtener un objetivo de uso de los recursos naturales y calidad ambiental a través de las decisiones individuales y racionales de los agentes usuarios de los recursos.

 

Los estados deben promulgar leyes eficaces sobre el ambiente. A fin de alcanzar el desarrollo sostenible, la protección del ambiente deberá constituir parte integrante del proceso de desarrollo y no podrá considerarse en forma aislada. Cuando haya peligro de daño grave o irreversible para el ambiente, y ante la falta de certeza científica absoluta, los estados deberán aplicar ampliamente el concepto de precaución. Las autoridades nacionales deben procurar la internalización de los costos ambientales y el uso de instrumentos económicos, teniendo en cuenta el criterio de que el que contamina, debería en principio, cargar con los costos de contaminación. Deberá adoptarse como herramienta nacional la evaluación del impacto ambiental de cualquier actividad propuesta. La paz, el desarrollo y la protección del ambiente son interdependientes e inseparables.

 

 

La gestión pública es fundamental para regular y controlar el uso de los recursos naturales y las funciones ambientales y así garantizar la sostenibilidad ambiental y la calidad de vida. Los Estados materializan estos propósitos en instrumentos de política, que pueden ser de regulación directa, administrativos y de planificación, económicos y de educación, información, investigación y asistencia técnica.

 

En todos ellos se encuentran políticas relacionadas con todos los instrumentos mencionados; sin embargo, se enfatiza en los económicos, debido a la lógica del modelo económico imperante, que deja en el mercado la suerte del ambiente, la equidad social y la reducción de la pobreza.

 

Los efectos acumulados durante años y la reducción de oportunidades productivas por causa del mal uso de los recursos naturales, difícilmente podrán ser superados en el corto plazo. Nuestra atención debe centrarse en frenar las tendencias de deterioro ecológico y sentar las bases para transitar a un desarrollo sustentable.

 

Nuestro reto es, sociedad y Estado, asumir plenamente las responsabilidades y costos de un aprovechamiento duradero de los recursos naturales renovables y del ambiente que permita mejor calidad de vida para todos, propicie la superación de la pobreza, y contribuya a una economía que no degrade sus bases naturales de sustentación. En los próximos años requeriremos una expansión productiva que siente bases para crear empleos y ampliar la oferta de bienes y servicios demandados por una población en crecimiento. Por ello la política ambiental y de aprovechamiento de los recursos irá más allá de una actitud estrictamente regulatoria y se constituirá también en un proceso de promoción e inducción de inversiones en infraestructura ambiental, de creación de mercados y de financiamiento para el desarrollo sustentable. Así lograremos hacer compatible el crecimiento económico con la protección ambiental.

 

La protección del ambiente y las pautas de manejo de los recursos naturales, requiere la existencia de leyes, decretos, resoluciones y reglamentos que fijen: las políticas compatibles con el desarrollo sostenible; los procedimientos administrativos; los sistemas adecuados e integrados de control; la clara determinación de la autoridad de aplicación y mecanismos de decisión y/o resolución de conflictos; los procesos de evaluación, revisión y modificaciones periódicas, acorde con los requerimientos del ambiente, el desarrollo y los avances de la ciencia y la técnica; las pautas y procedimientos para la participación comunitaria; entre otras medidas.

 

La política ambiental en Argentina es una política pública de aplicación nacional y obligatoria, de acuerdo a lo dispuesto por la Ley General del Ambiente.

 

Una política pública ocupa el mayor rango en la jerarquización de las normas. De ella se desprenden leyes y regulaciones específicas. Su redacción debe reflejar esta característica y no parecer un listado de acciones pendientes.

 

Los problemas ambientales tienen como principales víctimas a las personas más vulnerables y a las poblaciones más empobrecidas de la sociedad. Además, la extensión que presentan los desequilibrios ecológicos sostiene pronósticos extremadamente negativos sobre el futuro del planeta.

 

La falta de una política ambiental racionalmente articulada, que progresivamente remueva las causas de los desequilibrios y atempere sus efectos, agrava el problema. Lamentablemente, la problemática ecológica no es prioritaria para las autoridades y esto se refleja en la insuficiencia de las áreas protegidas y en la falta de intervención en cuestiones clave.

 

La problemática ambiental va mucho mas allá de una cuestión paisajística como perversamentenos quieren convencer. Voy a poner un ejemplo muy concreto. Se crea un área protegida, por ejemplo un parque nacional, y creamos un comité de gestión, donde está el parque nacional representado, donde están las comunidades locales representadas, donde está el gremio de guardaparques representado, donde está la provincia representada, y donde está el municipio representado, todos en igualdad de condiciones. Y decimos en la ley: “este parque se va a manejar por consenso”.

 

Quiere decir que si hubiese uno solo de los componentes corporativos que no estuviera de acuerdo, se rompe el consenso y el parque no podría ser manejado. Esta es una forma de entregar la autoridad del Estado, esta es una forma de que el Estado pierda su rol en la democracia, esto es desestatizar frente a las corporaciones, que no son malas, que son legítimas, pero que representan intereses particulares y no el interés nacional.

 

El resultado de este desamparo del Estado es una alarmante situación con millones de personas soportando injusta e indignamente sus consecuencias y con sus Derechos Humanos básicos violados sistemáticamente.

 

No tenemos mas que repetir incansablemente que si la temática ambiental no se transforma de una vez por todas en una verdadera cuestión de Estado, que atraviese toda la administración pública, y se insiste en priorizar perversamente los intereses económicos concentrados por sobre los derechos ambientales, solo estaremos una vez mas frustrados no solo como ciudadanos sino como ambientalistas.

 

Es imprescindible trazar una red de observación adecuada, para monitorear el conjunto de indicadores requeridos y, con base a ello, precisar una estrategia integral de cuidado del medio ambiente. Es de esperar que se tome la decisión política de darle, por fin, un trato prioritario a la problemática ambiental.

 

Las políticas y acciones en materia de ambiente y recursos naturales se sustentarán en nuevos esquemas de corresponsabilidad y participación social, mejorando la información a la sociedad y fortaleciendo las actuales formas de corresponsabilidad ciudadana en la política pública.

 

El éxito de estas estrategias dependerá de la conformación de una cultura de prevención, aprovechamiento sustentable de nuestros recursos y mejoramiento de la calidad de vida, planteada como una de las principales tareas compartidas entre Estado y sociedad, donde se privilegien la educación, la capacitación y la comunicación. www.ecoportal.net

 

Cristian Frers –Técnico Superior en Gestión Ambiental y Técnico Superior en Comunicación

25/11/2009 12:20 Autor: altermediambiente. Enlace permanente. Tema: Análisis Ecosocial. No hay comentarios. Comentar.

La Relación Material En La Destrucción de la Naturaleza

Una relación material a tener en cuenta

 



I –Una mirada desde el todo:

A propósito de nuestra realidad como pueblos colonizados, creemos que resulta necesario, desde el contexto de una Nueva Ciencia Política del Sur, reconocer la unidad materialista-dialéctica del proceso histórico-natural. Lo anterior, por las implicancias comprometidas, que exigen, la superación revolucionaria del conjunto de las relaciones sociales actuales por el modo de producción comunista. En este contexto, el socialismo debe comprender, en su proceso de destrucción, todas las contradicciones que impliquen enajenación.

Hasta ahora, hemos abordado desde nuestra óptica histórica, la actividad como el momento de existencia de la realidad social (1); en tanto, la práctica, ha acumulado contradicciones sociales que nos evidencian la dimensión del trabajo enajenado, en su consideración social y profundizamos de esa forma, la esencia del hombre.

Ahora bien, ello se ha mostrado en el carácter creador de la conciencia social; la cual, ha permitido dilucidar, a través, de sus formas -como interrelaciones específicas de un cuadro único-, que se han abordado principalmente, el ámbito de las relaciones sociales intersubjetivas; es decir, la esencia del hombre mediada por las necesidades del ser social que evidenciaban esta dimensión.

No obstante, como pueblos del sur, hemos perdido, de manera más dolorosa que otros, nuestro cuerpo orgánico que comprende, al humano-no humano; y por lo mismo, nos consta, por nuestra práctica acumulada, la vulnerabilidad de nuestra especie y la incertidumbre de la vida en el planeta. Esta consecuencia significa una contradicción a considerar.

Lo anterior explica el movimiento inclusivo-dialéctico de lo activo y así lo sintetiza Thalía Fung, al definirlo como la “concatenación de la interacción entre la naturaleza viva y la vida social por una parte, y por la otra, como sustancia de todas las transformaciones materiales, sin excluir los cambios en la naturaleza no viva…” (2). Con ambas consideraciones complementarias, imbricadas en una sola realidad, se nos permite visualizar, que la sociedad ha llegado a un estado de acumulación práctica que, evidenciada por la conciencia ecológica, le ha permitido ver a una determinada naturaleza y el incremento de lo activo como parte de su actualidad

Tal vez, Marx lo advirtió, y de manera profunda, sólo que, nos demostró que la verdad no está en la idea, sino en la práctica, pues no la había suficiente para leer, desde ella, la crisis ecosocial. Tal como Aristarco en el siglo IIII a.c. propuso el modelo heliocéntrico del sistema solar; sólo que no era una definición matemática-astronómica, sino práctica.

En tal sentido, Marx, en los Manuscritos Económicos y Filosóficos de 1844, ya nos presenta, al abordar la enajenación del trabajo, su claridad sobre la contradicción ecosocial que contiene el capital. De acuerdo a ello, Marx nos dice que el trabajo, no sólo produce mercancías, se produce a sí mismo y al obrero como mercancía ; por lo tanto, la relación social que circula en el mercado como una cosa, no sólo contiene lo anterior como proceso de desrealización del trabajador, sino que, además naturaleza cosificada (un plusecosocial(3)). Ésta se transforma en un simple medio que satisface la necesidad del capital de autorrepoducirse y con ello, a la vez, la muerte del hombre. De ahí que, con la mercancía circula una relación social que da cuenta, no sólo de la contradicción que habíamos observado: mientras más produce el trabajador MENOS TIENE, sino que además, hoy se le adiciona, MENOS ES.

Por tal razón, se le cosifica, al igual que la relación social mercancía, como un fetiche, un objeto externo un “fetichismo eco-social”(4). De ahí que la ha imaginado como un ente extraño y hostil que se le enfrenta y amenaza. Pero esta contradicción no había adquirido autonomía como una forma de la conciencia social, sólo estaba sustantivado en ellas lo intersubjetivo; mas sólo, al hacerse visible la contradicción, se adquiere conciencia de lo humano y no humano como unidad universal. De ahí la profundidad revolucionaria que, a nuestro entender, debe contener la Nueva Ciencia Política, pues la presencia de la conciencia ecológica, en la conciencia política, expresa una necesidad del ser social, que en última instancia, es determinante.

En este sentido, la dirección política, debe ir encaminada hacia, necesariamente, la transformación revolucionaria de todas las contradicciones que provocan la enajenación del hombre. Decimos esto porque, la unidad a superar como acto de la enajenación de la actividad humana práctica, del trabajo contiene los tres elementos analizados por Marx, primero, la relación del trabajador con el producto del trabajo como con un objeto ajeno y que lo domina; segundo, la relación del trabajo con el acto de la producción dentro del trabajo y, además, el trabajo enajenado, hace extraños al hombre de su propio cuerpo, la naturaleza, su esencia humana-no humana. Esta última ocasiona que el ser viviente genérico universal se autodisminuye al limitar la posibilidad de realizar su actividad vital trabajo como mediación socionatural, y por ende, la consecuencia es su propia auto eliminación como hombre.

La importancia que le damos a esto viene dada desde la consideración de la totalidad ideal marxista, en tanto, dentro de ella, la ubicamos en lo que se ha denominado, la base material. Lo anterior explica la motivación revolucionaria del enfoque. De ahí que, su toma de conciencia, desde la Ciencia Política del Sur, se hace imperativa.

Si se considera, desde esta perspectiva, la relación sociedad-naturaleza-naturaleza-sociedad, como un momento material esencial, podemos comprender la inversión que hemos reproducido al validar, ideológicamente, la enajenación que presenta a la naturaleza como un ajeno, como una cosa agotable. En este contexto, consideramos que, el abordaje del tema “ambiental” ha sido realizado, por lo general, de forma parcial e inclusive, marginalmente. Por el contrario, la Nueva Ciencia Política, debe plantearse el comunismo -como superación del modo de producción capitalista-, pero realizable y ello sólo es posible, si el socialismo, como etapa política consciente, elimina todas las bases de la enajenación. C ualquier omisión o paso táctico reformista, es un riesgo a la estrategia final.

II-Una mirada desde la parte y sus interrelaciones:

Lo que hemos expresado anteriormente, pretende ser parte de un debate, que re posesione a la relación sociedad-naturaleza-naturaleza-sociedad, en la base material y por lo mismo, que la considere determinante al momento de avanzar hacia soluciones históricas. Por consiguiente, un enfoque ecologista simplemente, puede ser visto, guardando las diferencias, como un ecologismo utópico, en el sentido de atender a las consecuencias. Tal como Marx no parte desde la pobreza, sino desde la esencia de ella, no se debe partir desde el agua agotada o los bosques talados; sino de la incompatibilidad de la mercancía con el hombre. Hay reflexiones muy profundas que demuestran la lógica de esta precisión en Marx, es así como, en las Glosas Marginales al Programa del Partido Obrero Alemán, señala La distribución de los medios de consumo es, en todo momento, un corolario de la distribución de las propias condiciones de producción. Y esta distribución es una característica del modo mismo de producción. … El socialismo vulgar (y por intermedio suyo, una parte de la democracia) ha aprendido de los economistas burgueses a considerar y tratar la distribución como algo independiente del modo de producción, y, por tanto, a exponer el socialismo como una doctrina que gira principalmente en torno a la distribución. Una vez que está dilucidada, desde hace ya mucho tiempo la verdadera relación de las cosas, ¿por qué volver a marchar hacia atrás?”.  

Entonces, la pregunta, ¿por qué volver a marchar hacia atrás y buscar avanzar desde las consecuencias?. La crisis ecosocial, está en la relación capital-trabajo, en la enajenación de la actividad humana práctica, del trabajo; en consecuencia, la Nueva Ciencia Política del Sur debe comprender toda la contradicción que representa la mercancía.

En definitiva, “ La desvalorización del mundo humano crece en razón directa de la valorización del mundo de las cosas. El trabajo no sólo produce mercancías; se produce también a sí mismo y al obrero como mercancía, y justamente en la proporción en que produce mercancías en general”(5). Y también, decimos nosotros, en cada mercancía hay un humano-no humano que deja de ser.

 

(*) Trabajo presentado en el XII Taller Internacional “Nueva Ciencia Política”, Cuba, 2009

(1) Valiosos son los aportes del autor Rigoberto Pupo que permiten comprender esta categoría, principalmente, desarrollados en su libro Rigoberto Pupo, 1990 La actividad como categoría filosófica, Editora Ciencias Sociales, Instituto del Libro, La Habana , (pág.13)

(2) Thalía Fung, 1990, Prólogo del libro La actividad como categoría filosófica, Pupo Ibíd.

(3) Denominación propuesta por la autora en la investigación plasmada en la Tesis para optar al grado de Doctora en Ciencias Filosóficas, “ La conciencia ecológica: una nueva forma de la conciencia social” Universidad de la Habana, Cuba. 2007. No publicada.

(4) ibid

(5) Manuscritos económicos y filosóficos de 1844.

24/11/2009 08:36 Autor: altermediambiente. Enlace permanente. Tema: Progreso Destructivo. No hay comentarios. Comentar.

Nuestra Forma de Alimentación Fomenta El Calentamiento Global, la Exclusión Social y la Hambruna

Cambio climático - El fracaso del sistema alimentario transnacional

 

 

10-10-09 Por GRAIN

La crisis climática implica que necesitamos cambios ¡ya! La organización de la sociedad en torno a la obtención de ganancias ha demostrado ser un sistema corrupto y necesitamos construir sistemas alternativos de producción y consumo, que se organicen de acuerdo a las necesidades de los pueblos y la vida en el planeta. La transformación de este sistema alimentario no ocurrirá mientras el poder de éste siga en manos de las corporaciones. Las fuerzas del cambio están en nuestras manos, en nuestras comunidades, que se organizan para recuperar el control sobre nuestros sistemas alimentarios y nuestros territorios.

 

 

El actual sistema alimentario mundial, con todas sus semillas de alta tecnología y sus bonitos paquetes, no es capaz de cumplir con su función principal: alimentar a las personas.

Este año más de mil millones de personas sufrirán hambre, mientras otros 500 millones sufrirán de problemas de obesidad. Tres cuartas partes de quienes no tienen suficiente qué comer serán campesinos y trabajadores rurales (los mismos que producen la comida), mientras un puñado de corporaciones agroindustriales que controlan la cadena alimentaria (aquéllas que deciden a dónde va el alimento) amasarán miles de millones de dólares en ganancias. Pese a su fracaso monumental, nada se dice en los corredores del poder de alejarnos de este estado de cosas. Enormes y crecientes movimientos sociales pueden clamar por un cambio, pero los gobiernos y las agencias internacionales del mundo siguen pujando por más de los mismo: más agronegocios, más agricultura industrial, más globalización. Conforme el planeta se mueve hacia un periodo acelerado de cambio climático, empujado, en gran medida, por este mismo modelo de agricultura, el no emprender acciones significativas empeorará con rapidez la ya de por sí intolerable situación. No obstante, en el movimiento global en pos de soberanía alimentaria hay una prometedora salida.

Ahora, los estudios científicos más actuales predicen que, si todo sigue igual, las temperaturas cada vez más elevadas, las condiciones climáticas extremas y los severos problemas de agua y suelos relacionados con ello llevarán a muchos más millones a las filas de los hambrientos. Conforme el crecimiento de la población aumente la demanda de alimentos, el cambio climático agotará nuestras capacidades para producirlos. Ciertos países que ya están luchando con severos problemas de hambre podrían ver su producción de alimentos reducida a la mitad antes de que finalice este siglo. Sin embargo, donde se reúnen las élites para hablar del cambio climático poco se dice acerca de tales efectos sobre la producción y el abastecimiento de alimentos, y mucho menos se hace para responder a ellos.

Hay otra arista de la interacción entre cambio climático y el sistema alimentario mundial que refuerza la necesidad urgente de acción. Este último no sólo es disfuncional y está muy mal preparado para enfrentar el cambio climático: es también uno de sus principales motores. El modelo de agricultura industrial que abastece al sistema alimentario mundial funciona esencialmente mediante la conversión de petróleo en comida, produciendo en el proceso cantidades enormes de gases con efecto de invernadero. El uso de inmensas cantidades de fertilizantes químicos, la expansión de la industria de la carne, y la destrucción de las sabanas y bosques del mundo para producir mercancías agrícolas son en conjunto responsables de por lo menos 30% de las emisiones de los gases que causan el cambio climático.(1)

Pero eso es sólo una parte de la contribución del actual sistema alimentario a la crisis climática. Convertir los alimentos en mercancías mundiales e industriales da como resultado una tremenda pérdida de energía fósil utilizada en transportarlas por el mundo, procesarlas, almacenarlas, congelarlas y llevarlas hasta los hogares de quienes las consumen. Todos estos procesos van contribuyendo a la cuenta climática. Cuando se suman todas, no es para nada una exageración decir que el actual sistema alimentario podría ser responsable de cerca de la mitad de las emisiones de los gases con efecto de invernadero.

Las razones para un cambio total del sistema alimentario mundial y la urgencia de tal cambio nunca han sido más claras. La gente por todas partes muestra una voluntad de cambio —sean consumidores que buscan alimentos locales o campesinos que bloquean carreteras en defensa de sus tierras. Lo que se pone como obstáculo es la estructura de poder —y esto, más que nada, es lo que necesita ser transformado.

Cinco pasos urgentes

1. Un viraje hacia métodos sustentables e integrados de producción. Las separaciones artificiales y las simplificaciones que trajo consigo la agricultura industrial deben deshacerse, y deben de reunirse de nuevo los diferentes elementos que conforman los sistemas agrícolas sustentables. Los cultivos y los animales deben reintegrarse de nuevo en la finca. La biodiversidad agrícola tiene que tornarse el fundamento de la producción alimentaria, una vez más, y el sistema de cuidado e intercambio de semillas debe reactivarse. Los fertilizantes y lo plaguicidas químicos deben sustituirse por formas naturales de mantener el suelo saludable y de controlar plagas y enfermedades. Reestructurar así el sistema alimentario ayudará a crear las condiciones que permitan emisiones cercanas a cero en las fincas.

2. Reconstituir el suelo y retener el agua. Tenemos que tomar el suelo en serio. Necesitamos un esfuerzo global masivo para volver a juntar materia orgánica en los suelos, y así devolverle fertilidad. Décadas de maltrato de suelos con químicos en algunos lugares, y la erosión de los suelos en otras partes, dejaron los suelos exhaustos. Los suelos saludables, ricos en materia orgánica, pueden retener enormes cantidades de agua, que serán necesarios para crearle las necesarias flexibilidad y aguante al sistema agrícola como para resistir las crisis climática y de agua que ya se ciernen sobre nosotros. Aumentar la materia orgánica en los suelos de todo el mundo ayudará a capturar cantidades sustanciales del actual exceso de CO2 que hay en la atmósfera.

3. Desindustrializar la agricultura, ahorrar energía y mantener a la gente en su tierra. La agricultura familiar en pequeña escala debe volver a ser el fundamento de la producción de alimentos. Haber permitido la enorme acumulación de empresas de agricultura mega-industrial que producen mercancías para el mercado internacional en lugar de comida para la gente, provoca ámbitos rurales vacíos, ciudades sobrepobladas y la destrucción de muchos modos de sustento y de cultura en el proceso. Desindustrializar la agricultura ayudaría también a terminar con el tremendo desperdicio de energía que ahora produce el sistema de agricultura industrial-

4. Cultivar en las inmediaciones y cortar el comercio internacional. Uno de los principios de la soberanía alimentaria es priorizar los mercados locales sobre el comercio internacional. El comercio internacional de alimentos en consorcio con industrias de procesamiento y supermercados en cadena son los principales contribuyentes a la crisis climática. Todo esto puede detenerse en gran medida y situar la cadena alimentaria en la producción de alimentos más orientada a los mercados locales. Lograr esto es probablemente la lucha más dura de todas, ya que el poder corporativo se ha concentrado en mantener el sistema de comercio creciendo y en expansión. Y muchos gobiernos están felices con esto. Algo que debe cambiar si somos serios en nuestra respuesta a la crisis climática.

5. Cortar la economía de la carne y buscar una dieta más sana. Tal vez la transformación más profunda y destructiva que conlleva el sistema alimentario industrial, es la industrialización del sector ganadero. Lo que solía ser una parte integral y sustentable de los modos de vida rurales, es ahora un sistema de fábricas mega-industriales de carne diseminadas por todo el mundo, controladas por unos cuantos. La economía de la carne a nivel internacional, que ha crecido cinco veces en las últimas décadas, contribuye a la crisis climática de un modo enorme. Ha ayudado a provocar el problema de obesidad en los países ricos, y ha destruido —mediante subsidios y comercio desleal— con la producción local de carne en los países pobres. Esto debe detenerse, y las tenencias de consumo, especialmente en los países ricos debe alejarse de la carne. El mundo necesita regresar a un sistema descentralizado de producción y distribución de carne, organizado de acuerdo a las necesidades de la gente. Deben restaurarse y recuperarse los mercados que surten carne a los mercados locales procedente de pequeñas fincas a precios justos. Debe de frenarse el comercio desleal internacional.

El pronóstico es de hambruna

En 2007, el Panel Internacional sobre Cambio Climático (picc) publicó su tan esperado informe sobre el estado del clima en la Tierra. El informe, aunque mostró en términos inequívocos que el calentamiento mundial era una realidad y señaló que era “muy probable” que los humanos fueran responsables de él, con cautela pronosticó que el planeta podría calentarse 0.2ºC por década si no se hacía nada para cambiar el curso de nuestras emisiones de gas con efecto de invernadero. El informe advirtió que hacia el fin del siglo un cambio de temperatura entre 2 y 4ºC podría producir incrementos dramáticos en los niveles del mar y una cascada de catástrofes por todo el planeta.

Ahora, apenas unos pocos años después, resulta que el picc fue demasiado optimista. El consenso científico actual es que habrá un aumento de 2ºC en las próximas décadas y que, si el escenario sigue siendo el de negocios como siempre, si no hay cambios, el planeta podría calentarse hasta en 8ºC hacia el año 2100, empujando las cosas a un punto de quiebre y profundizando lo que se describe como un cambio climático peligroso e irreversible (2). Ahora mismo, el impacto de las formas más suaves del cambio climático nos afectan fuertemente. Según el Foro Humanitario Global con sede en Ginebra, el cambio climático afecta seriamente a 325 millones de personas al año —315 mil de ellas mueren de hambre, enfermedades y desastres meteorológicos inducidos por el cambio climático (3). La predicción es que la cuota anual de muertes debidas al cambio climático llegue a medio millón para 2030, siendo afectada seriamente 10% de la población mundial.

El alimento está y estará en el centro de esta crisis climática en proceso. Todos están de acuerdo en que la producción agrícola tiene que continuar creciendo significativamente en las próximas décadas para mantenerse al día con el crecimiento demográfico. Pero es probable que el cambio climático ponga la producción agrícola en reversa. En el recuento más exhaustivo (a la fecha) de los estudios que delinean los impactos del calentamiento mundial en la agricultura, William Cline calcula que, si las tendencias siguen igual, para el año 2080, el cambio climático reducirá el potencial de producción de la agricultura mundial en más de 3% respecto al actual. Los países en desarrollo serán los más afectados, con una caída de 9.1% de su potencial de producción agrícola. África enfrentará un descenso de 16.6%. Son números horrorosos, pero, como admite Cline, los impactos reales podrían ser mucho peores. (4)

Una debilidad importante de las proyecciones del picc y de otros, cuando se trata de la agricultura, es que sus predicciones aceptan la teoría de la “fertilización por carbono” que arguye que los altos niveles de co2 en la atmósfera acentuarán la fotosíntesis en muchos cultivos clave y dispararán sus rendimientos. Estudios recientes muestran que este potencial es en gran medida un espejismo. No es sólo que cualquier aceleración inicial del crecimiento disminuya significativamente después de pocos días o semanas, sino que el aumento de co2 reduce el nitrógeno y las proteínas en las hojas en más de un 12%. Esto significa que, con el cambio climático, para los humanos habrá menos proteínas en los principales cereales, como el trigo y el arroz. Habrá también menos nitrógeno para los insectos, lo que es importante ya que los insectos comerán una superficie mayor de las hojas y lo que provocará reducciones significativas en los rendimientos. (5)

Cuando Cline hizo los cálculos sin considerar la supuesta fertilización por carbono los resultados fueron aún más alarmantes. Los rendimientos mundiales bajarían 16% para 2080, y las caídas regionales serían de un 24.3% en América Latina, 19.3% en Asia y 27.5% en África. Los rendimientos se reducirían en un 38% en India, y más de un 50% en Senegal y Sudán. (6)

Pero incluso esta aterradora predicción podría quedarse corta. El estudio de Cline, al igual que el informe del picc y otros informes que abordan el cambio climático y la agricultura, no toman en cuenta la crisis del agua asociada con el cambio climático. Hoy, 2 400 millones de personas viven en ambientes con una dura escasez de agua y las predicciones recientes hablan de que aumentarán a 4 mil millones hacia la segunda mitad del siglo. Las fuentes de agua para la agricultura se han agotado o se están haciendo peligrosamente escasas en muchas partes del mundo. El calentamiento global complicará el problema a medida que las más elevadas temperaturas generen condiciones más secas y sea necesario aumentar la cantidad de agua para la agricultura. Será cada vez más difícil mantener los actuales niveles de producción, incluso a medida que la demanda aumente debido a la mayor población. (7)

Cline tampoco contempló los impactos de las condiciones climáticas extremas que ocurrirán a mayor cambio climático. Se espera que aumente la frecuencia y la intensidad de las sequías, las inundaciones y otros desastres naturales, provocando desastres en los cultivos dondequiera que se manifiesten. El Banco Mundial prevé que la intensificación de las tormentas causada por el cambio climático hará que 29 mil kilómetros cuadrados adicionales de tierra agrícola situada en zonas costeras se volverán vulnerables a las inundaciones. (8) Simultáneamente, se espera un aumento dramático de los incendios forestales, que ya afectan unas 350 millones de hectáreas cada año (9), y esto ocasionará un problema de contaminación con los aerosoles de carbono, que agravará aún más el efecto de invernadero. Un estudio avizora que los incendios forestales aumentarán en un 50% en el oeste de Estados Unidos para el año 2055, todo ello como resultado de los aumentos de temperatura. (10)

Y luego hay que considerar el mercado. El abasto global de alimentos está cada vez más controlado por un pequeño número de transnacionales que tienen el cuasi-monopolio de toda la cadena alimentaria, de las semillas a los supermercados. La cantidad de capital especulativo en el comercio agrícola va también en aumento. En este contexto, cualquier perturbación del abastecimiento de alimentos, o incluso la simple percepción de que hay problemas, puede provocar aumentos tumultuosos en los precios y una acaparamiento inmenso de ganancias por parte de los especuladores, lo que hace inaccesibles los alimentos para los sectores urbanos más pobres y provoca todo tipo de alteraciones en la producción agrícola en el campo. (11) De hecho, el mero rumor de una escasez alimentaria mundial ya atrajo especuladores financieros a la agricultura, quienes están acaparando tierras en gran escala, a un nivel que no se veía desde tiempos coloniales. (12)

Nos adentramos en una era de perturbaciones extremas en la producción de alimentos. Nunca ha habido una necesidad tan urgente de que un sistema asegure un abasto alimentario para todos de acuerdo a sus necesidades. Y, sin embargo, el sistema alimentario mundial jamás ha estado tan fuertemente controlado por un pequeño grupo de personas cuyas decisiones se basan exclusivamente en cuánto dinero pueden obtener para sus accionistas.

El choque de dos mundos en el Amazonas Peruano

El gobierno peruano eligió una fecha simbólica, el Día Mundial del Medio Ambiente, para lanzar un sangriento ataque sobre los pueblos del Amazonas. ¿La razón para esta represión? La oposición categórica de las comunidades amazónicas a la invasión de sus territorios por actividades empresariales social y ambientalmente destructivas, tales como la minería, la extracción de petróleo y plantaciones dedicadas al monocultivos de árboles y agrocombustibles.

El 9 de abril, las comunidades locales del Amazonas peruano empezaron lo que ellas llamaron una “huelga indefinida”, para protestar por la negativa del Congreso peruano a revisar una serie de decretos leyes que dañan los derechos de los puebles indígenas. Estos decretos fueron publicados por el Ejecutivo en el marco de la implementación del Tratado de Libre Comercio firmado con Estados Unidos.

Desatando esta masacre el Día Mundial del Medio ambiente, el gobierno de Alan García mostró claramente al mundo cuán poca importancia le da a la protección del medio ambiente y cuán alto valora las grandes corporaciones que esperan explotar —y simultáneamente destruir— los recursos naturales del país. Peor aún, el gobierno declaró públicamente su desprecio por las vidas de los pueblos indígenas que están luchando por defender lo poco que les ha dejado el avance del modelo de “desarrollo”, que ha demostrado ampliamente ser social y ambientalmente destructivo.

Como resultado de esta sangrienta represión y la atención pública mundial que suscitó, el Amazonas peruano se convirtió en un símbolo del choque entre dos concepciones diferentes acerca del presente y futuro de la humanidad, que hoy se despliega a nivel mundial.

En un lado de este conflicto está el mundo del interés económico, el cual significa destrucción social y ambiental, imposición por la fuerza, violación de derechos. Obviamente, este mundo no está representado por el presidente peruano, quien es sólo un ayudante temporal y desechable para las corporaciones —un hecho que se evidenció con la suerte que corrió el antes todopoderoso presidente Fujimori. Sin embargo, el papel que juegan estos ayudantes es muy importante, en la medida que son ellos quienes prestan los visos de “legalidad” necesarios a las acciones que claramente violan los derechos humanos más básicos.

En el otro lado está el mundo de quienes aspiran a un futuro de solidaridad y respeto por la naturaleza. En este caso, ellos están representados por los pueblos indígenas del Amazonas, pero también se pueden encontrar en luchas similares en otras partes del mundo, en confrontación con otros gobiernos que también están al servicio de los intereses económicos de las grandes empresas. Para mencionar sólo algunos ejemplos, podemos destacar la actual lucha de los países del sudeste asiático, en contra de la destrucción del río Mekong —que provee de sustento a millones de personas— por las represas hidroeléctricas gigantes; la lucha de los pueblos africanos contra la perforación y prospección petrolera; la lucha de los pueblos hindúes para proteger sus bosques contra la extracción minera, y tantas luchas más.

En esta confrontación, la hipocresía de quienes se esfuerzan por imponer el modelo destructivo, es aparentemente ilimitada. En el caso de Perú, el Presidente Alan García, el mismo hombre quien quiere ahora abrir el Amazonas a las actividades extractivas, declaró apenas un año atrás que el quería “evitar que este bienestar original que Dios nos ha dado sea degradado por la mano del hombre, por la incompetencia de aquellos que trabajan la tierra o la explotan económicamente, y es por esto que hemos creado este Ministerio del Medio Ambiente.”

Este tipo de hipocresía gubernamental es descaradamente evidente en todo el mundo, especialmente respecto al cambio climático. Durante un indefinido proceso internacional, que se inició en 1992, los gobiernos del mundo acordaron que el cambio climático es la peor amenaza para la humanidad. También acordaron que las dos mayores causas del cambio climático eran las emisiones de gas invernadero por el uso de combustibles fósiles y la deforestación. Finalmente, acordaron que debía hacerse algo al respecto. Y luego de firmar los acuerdos y volar de vuelta a sus países, han hecho todo lo posible para promover la explotación petrolera y/o la deforestación.

Sin la necesidad de crear ministerios del ambiente o participar en procesos internacionales para combatir el cambio climático, hay pueblos en todo el mundo que realizan acciones para defender el medioambiente y el clima de las inminentes amenazas que pesan sobre ellos. En casi todos los casos, sus acciones han sido criminalizadas o reprimidas - tanto en el sur como en el norte – por aquéllos que debieran estar alentándolos y respaldándolos: sus gobiernos.

En el simbólico caso de Perú, los pueblos del Amazonas —con el respaldo de miles de ciudadanos alrededor del mundo— han ganado una importante batalla en esta lucha entre dos mundos. Obviamente, nadie cree que éste sea el fin del conflicto. Pero es una victoria que da esperanza a muchas otras personas que luchan por objetivos similares y finalmente a todo el mundo, porque el producto final de esta confrontación entre dos mundos determinará el destino de la humanidad.

Boletín WRM, Nº 143 – Junio de 2009

Cocinar el planeta

A los defensores de la Revolución Verde les gusta hablar de cómo la receta única de variedades vegetales uniformes y fertilizantes químicos salvó al mundo de la hambruna, Los defensores de las llamadas Revolución Pecuaria y Revolución Azul (acuacultura) nos venden una historia similar acerca de razas animales uniformes y alimentos industriales. Este discurso debería ser hoy menos convincente en la medida que cerca de un cuarto de la población del planeta pasa hambre y los rendimientos de los cultivos están estancados desde los años ochenta. En realidad, lo que tenemos delante parece más bien una historia de terror cuando consideramos las consecuencias ambientales, especialmente a medida que el mundo se entera del papel que estas transformaciones de la agricultura y del sistema alimentario han jugado en el cambio climático.

El consenso científico actual es que la agricultura es responsable de un 30% de todas las emisiones de gases con efecto de invernadero provocadas por humanos. Pero es injusto poner todas las formas de agricultura en un mismo saco. En la mayoría de los países eminentemente agrícolas, la agricultura en sí contribuye muy poco al cambio climático. Los países con el mayor porcentaje de población rural y cuyas economías dependen principalmente de la agricultura, tienden a tener los niveles más bajos de emisiones de gases con efecto de invernadero. (13) Por ejemplo, aunque se dice que la agricultura canadiense aporta sólo un 6% de las emisiones de gases con efecto de invernadero totales del país, esto son 1.6 toneladas de gases invernadero por canadiense, mientras que en India, donde la agricultura es un componente mucho más importante de la economía nacional, las emisiones per capita de todas las fuentes son sólo 1.4 toneladas, y sólo 0.4 toneladas provienen de la agricultura. (14) Hay diferencias, por lo tanto, en el tipo de agricultura que se practica, y no se puede acusar a la agricultura en general.

Es más, cuando analizamos la contribución total de la agricultura al cambio climático, vemos que sólo una pequeña sección de actividades agrícolas son responsables de casi todas las emisiones de gases con efecto de invernadero de la agricultura. La deforestación causada por el cambio de uso de la tierra es responsable de cerca de la mitad del total, mientras las emisiones de los establecimientos agrícolas las provoca sobre todo la producción animal y los fertilizantes. Todas estas fuentes de gases con efecto de invernadero están íntimamente ligadas al surgimiento de la agricultura industrial y a la expansión de sistema alimentario en manos de las transnacionales. Así también la alta dependencia del petróleo y la gran huella de carbono que provoca el transportar alimentos e insumos por todo el mundo en todo tipo de envases plásticos.

Dado que la mayor parte de la energía utilizada por el sistema alimentario industrial proviene del consumo de combustibles fósiles, el monto de energía que utiliza se traduce en directo a la emisión de gases con efecto de invernadero. Si tan sólo observamos el sistema alimentario estadounidense, se calcula que tiene en su haber un formidable 20% de todo el consumo de energía fósil del país. Esta cifra incluye todo la energía utilizada en los establecimientos que producen comida, y en los procesos postindustriales de transporte, empacado, procesamiento y almacenaje. La Agencia de Proteccióm Ambiental estadounidense informó que en 2005 los agricultores del país emitieron tanto dióxido de carbono como 141 millones de carros juntos ese mismo año. Este sistema alimentario totalmente ineficaz utiliza 10 calorías fósiles no renovables para producir una sola caloría alimenticia. (15)

La diferencia en el uso de energía entre la agricultura industrial y los sistemas agrícolas tradicionales no podía ser más extremo. Se habla mucho de lo eficiente y mucho más productivo que es la agricultura industrial si se le compara con el modo de cultivo tradicional en el Sur global, pero si uno toma en consideración la eficiencia energética, nada puede estar más alejado de la verdad. La fao calcula que, en promedio, los agricultores de los países industrializados gastan cinco veces más energía comercial para producir un kilo de cereal que los campesinos en África. Si analizamos cultivos específicos, las diferencias son todavía más espectaculares: para producir un kilo de maíz, un agricultor en Estados Unidos utiliza 33 veces más energía comercial que el campesinado tradicional en el vecino México. Y para producir un kilo de arroz, un agricultor estadounidense usa 80 veces la energía comercial utilizada por un campesino tradicional en Filipinas. (16) esta “energía comercial” de la que habla la fao es, por supuesto, el gas y el combustible fósil requeridos para producir fertilizantes y agroquímicos y los que se utilizan en la maquinaria agrícola, todo lo cual contribuye sustancialmente a la emisión de gases con efecto de invernadero. (17)

Pero la agricultura en sí es responsable tan sólo de un cuarto de la energía usada para llevar comida a las mesas. El gasto de energía y la contaminación ocurren dentro del sistema alimentario internacional en su sentido más amplio: el procesado, el empacado, la refrigeración, la cocina y la movilización de comida por todo el planeta. Hay cultivos o piensos que se producen en Tailandia, se procesan en Rotterdam, alimentan ganado en algún otro lado, para que terminen como comida en McDonalds en Kentucky.

Transportar alimentos consume enormes cantidades de energía. Si miramos de nuevo Estados Unidos, se calcula que 20% de todo el transporte de mercancías dentro del país se utiliza en mover comida, lo que resulta en 120 millones de toneladas de emisiones de co2 La importación y exportación de alimentos de Estados Unidos da cuenta de otros 120 millones de toneladas de co2. A eso debemos añadir el transporte de provisiones e insumos (fertilizantes, pesticidas, etcétera) a las granjas industriales, el transporte del plástico y el papel para las industrias de empacado, y lo que los consumidores se mueven para ir, cada día más lejos, a los supermercados. Esto nos da un panorama de la tremenda cantidad de gases con efecto de invernadero producidos por el sistema alimentario industrial, tan sólo por sus requerimientos de transporte. Otros grandes productores de gases son las industrias que procesan comida, la refrigeran y la empacan, que son responsables por 23% de la energía consumida en el sistema alimentario estadounidense. (18) Todo esto suma una cantidad increíble de energía desperdiciada.

Y hablando de desperdicio: el sistema alimentario industrial descarta la mitad de toda la comida que produce, en su viaje de los establecimientos a los comerciantes, a los procesadores de comida, a las tiendas y supermercados —lo suficiente para alimentar a los hambrientos del mundo seis veces. (19) Nadie ha empezado a calcular cuantos gases con efecto de invernadero se producen por la pudrición de toda la comida tirada a la basura.

Mucho de este tremendo desperdicio y esta destrucción globales podría evitarse si el sistema alimentario se descentralizara, si la agricultura se desindustrializara.

Sin embargo, los sectores en el poder responden a la actual crisis alimentaria y al acelerado colapso de los sistemas que promueven la vida en el planeta con más de lo mismo, y cuando mucho le suman unos cuantos remedios tecnológicos inútiles

El sistema alimentario controlado por las transnacionales está entonces en un callejón sin salida. Lo que proponen es más agricultura industrial y más cadenas alimentarias mundiales como solución a la crisis alimentaria. Pero estas actividades sólo aceleran el cambio climático, y con ello intensifican severamente la crisis alimentaria. Es un círculo vicioso que provoca extremos de pobreza y ganancias, y el abismo entre los dos se hace cada vez más profundo. Hace ya mucho tiempo que es urgente transformar radicalmente este sistema alimentario.

Tiempo de hacer cambios en el mar

La pesca fue alguna vez una de las formas más eficientes de obtener alimento sin producir gases con efecto de invernadero. La pesca industrial invirtió la ecuación. Según Mares en Riesgo y la Fundación Mar del Norte, la sobrecarga provocada por la pesca comercial no sólo ha hecho que las reservas pesqueras sean menos flexibles frente a los impactos del clima sino que, las grandes pesquerías comerciales son una de las fuentes importantes de emisiones de gases con efecto de invernadero a nivel mundial:

* Por cada tonelada de producto, medido en peso vivo, se emiten 1.7 toneladas de co2.
* Las pesquerías mundiales quemaron casi 50 mil millones de litros de combustible en el año 2000, para una producción de 80 * Millones de toneladas de peces e invertebrados marinos;
* Las pesquerías mundiales dan cuenta, al menos, de un 1.2% del consumo de petróleo a nivel mundial, una cantidad igual a la consumida por Holanda, que ocupa el 18avo lugar como país consumidor.
* El contenido energético del combustible quemado por las pesquerías es 12.5 veces mayor que el contenido energético de la proteína comestible presente en la captura obtenida.

Mares en riesgo/ Fundación Mar del Norte:
www.seas-at-risk.org/1mages/Carbon%20footprint%20brochure%20final%20final.pd}

Cuál es la salida

Dicho de la manera más simple, la crisis climática implica que necesitamos cambios ¡ya! La organización de la sociedad en torno a la obtención de ganancias ha demostrado ser un sistema corrupto y necesitamos construir sistemas alternativos de producción y consumo, que se organicen de acuerdo a las necesidades de los pueblos y la vida en el planeta. La transformación de este sistema alimentario no ocurrirá mientras el poder de éste siga en manos de las corporaciones. Tampoco podemos confiar en nuestros gobiernos, que permiten que la distancia entre lo que los científicos dicen que hay que hacer para detener el desastre climático y lo que los políticos realmente hacen se haga cada vez mayor. Las fuerzas del cambio están en nuestras manos, en nuestras comunidades, que se organizan para recuperar el control sobre nuestros sistemas alimentarios y nuestros territorios.

En la lucha por lograr un sistema alimentario diferente, los obstáculos principales son políticos, no técnicos. Hay que volver a poner las semillas a manos campesinas, eliminar los pesticidas y fertilizantes químicos, integrar al ganado a formas de producción mixta, y organizar nuestros sistemas alimentarios de forma tal que todos tengamos suficientes alimentos sanos y nutritivos. Las capacidades para producir tales transformaciones han quedado demostradas en los miles de proyectos y experimentos que desarrollan comunidades del mundo entero. Incluso la Evaluación Internacional del Papel del Conocimiento, la Ciencia y la Tecnología en el Desarrollo Agrícola —llevada a cabo bajo la dirección del Banco Mundial— no puede sino reconocerlo. A nivel de finca son bastante claras y directas las formas de lidiar con el cambio climático (véase el recuadro “Cinco pasos clave hacia un sistema alimentario que pueda enfrentar el cambio climático”).

Los desafíos políticos son más difíciles. Pero hay mucho que ya está pasando a nivel local. Enfrentadas incluso a la represión violenta, las comunidades locales están resistiendo los mega-proyectos, las represas, la minería, las plantaciones y la tala de los bosques (ver el recuadro “El choque de dos mundos en la Amazonía peruana”). Aunque rara vez se reconozcan como tales, sus resistencias están en el corazón de la acción por el clima, al igual que el movimiento por la soberanía alimentaria, que se van uniendo para resistir la imposición de políticas neoliberales y desarrollar visiones colectivas de futuro. Es en estos espacios y a través de esa resistencia organizada que emergerán las alternativas al destructivo sistema alimentario actual y podremos hallar la fuerza y las estrategias comunes que nos saquen del ciclo suicida en que la agricultura industrial y el sistema alimentario industrial nos tienen hundidos. www.ecoportal.net


Artículo relacionado

 

Otra Agricultura Para Salvar Al Planeta y la Humanidad


http://stuffedandstarved.org/drupal/files/via%20logo.jpg

 

 

Referencias

1. Informe global 2008 de International Assessment of Agricultural Knowledge, Science and Technology for Development (iaastd),
http://www.agassessment.org/index.cfm?Page=About_IAASTD&ItemID=2

2. Chris Lang, “Words and not deeds at climate change talks”, WRM Bulletin, número 143, junio de 2009

3. Global Humanitarian forum, Human Impact Report, mayo de 2009:
http://www.ghf-geneva.org/OurWork/RaisingAwareness/HumanImpactReport/tabid/180/Default.aspx

4. William R. Cline, Global Warming and Agriculture: Impact Estimates by Country, Center for Global Development and the Peterson Institute for International Economics, 2007, http://www.cgdev.org/content/publications/detail/14090

5. John T. Trumble and Casey D. Butler, “Climate change will exacerbate California’s insect pest problems”, California Agriculture, v. 63, núm.2:
http://californiaagriculture.ucop.edu/0902AMJ/toc.html

6. Op cit, ver nota 4.

7. Según el informe global 2008 de International Assessment of Agricultural Knowledge, Science and Technology for Development (iaastd), la seguridad del abastecimiento de agua para el riego disminuirá en todas las regiones, con un cambio mundial de 70% a 58% entre 2000 y 2050.
http://www.agassessment.org/index.cfm?Page=About_IAASTD&ItemID=2

8. Susmita Dasgupta, Benoit Laplante, Siobhan Murray, David Wheeler, “Sea-Level Rise and Storm Surges: A Comparative Analysis of Impacts in Developing Countries”, The World Bank, Development Research Group, Environment and Energy Team, abril de 2009.

9. http://www.fao.org/news/story/en/item/29060/icode/

10. http://www.agu.org/sci_soc/prrl/2009-22.html

11. Ver la página web de GRAIN sobre la crisis alimentaria: http://www.grain.org/foodcrisis/

12. Ver la página web de GRAIN sobre el acaparamiento de tierras: http://www.grain.org/landgrab/

13. Wikipedia, List of Countries by Carbon Dioxide Emissions per Capita, 1990-2005:
http://en.wikipedia.org/wiki/List_of_countries_by_carbon_dioxide_emissions_per_capita

14. Greenpeace Canada, “L’agriculture... pire que les sables bitumineux! Rapport de Statistique Canada”, 10 de junio de 2009:
http://www.greenpeace.org/canada/fr/actualites/l-agriculture-pire-que-les

15. Los datos en este párrafo provienen de: Food & Water Watch, “Fossil Fuels and Greenhouse Gas Emission from Industrial Agriculture”, Washington, noviembre de 2007.
http://www.foodandwaterwatch.org/food/factoryfarms/dairy-and-meat-factories/climate-change/greenhouse-gas-industrial-agriculture

16. FAO, “The Energy and Agriculture Nexus”, Roma, 2000, tablas 2.2 y 2.3. http://tinyurl.com/2ubntj

17. Ver GRAIN, “Paremos la fiebre de agrocombustibles”, Biodiversidad, sustento y culturas”, octubre de 2007,
http://www.grain.org/biodiversidad/?id=367

18. Food & Water Watch, “Fossil Fuels and Greenhouse Gas Emission from Industrial Agriculture”, Washington , noviembre de 2007.

19. Tristram Stuart, Waste: Uncovering the Global Food Scandal, Penguin, 2009,
http://www.penguin.co.uk/nf/Book/BookDisplay/0,,9780141036342,00.html

Los campesinos están enfriando la Tierra

(Vía Campesina, comunicado sobre el cambio climático, extractos)(1)

Los actuales modos de producción, consumo y comercio mundiales, han causado una destrucción masiva del medio ambiente incluyendo el calentamiento mundial que está poniendo en riesgo nuestros ecosistemas y llevando a las comunidades humanas al desastre. El calentamiento global muestra el fracaso del modelo de desarrollo basado en el alto consumo de energía fósil, en la sobreproducción y en el libre comercio.

Via Campesina cree que las soluciones a la actual crisis tienen que nacer de los actores sociales organizados que están desarrollando modos de producción, transporte y consumo basados en principios de justicia, solidaridad y bienestar comunitario. Ninguna solución tecnológica resolverá el actual desastre medio ambiental y social. La pequeña agricultura sustentable es intensiva en trabajo y requiere poco uso de energía; ello puede contribuir a enfriar la Tierra

En el mundo entero practicamos y defendemos la pequeña agricultura familiar sustentable y demandamos soberanía alimentaria. La soberanía alimentaria es el derecho de los pueblos a alimentos saludables y culturalmente apropiados, producidos con métodos ecológicamente sustentables y seguros. Coloca las aspiraciones y necesidades de aquellos que producen, distribuyen y consumen alimentos en el centro de los sistemas y políticas alimentarios, y no las demandas de los mercados y corporaciones. La soberanía alimentaria prioriza las economías y mercados locales y nacionales y empodera a la agricultura campesina y familiar, a la pesca artesanal, al pastoreo y a la producción, distribución y consumo de alimentos basados en la sustentabilidad ambiental, económica y social

Demandamos urgentemente de las autoridades a nivel local, nacional e internacional:

El desmantelamiento total de las agroempresas: ellas les están robando la tierra a los pequeños campesinos, producen alimentos chatarra y crean desastres ambientales.

El reemplazo de la agricultura y producción animal industrializada por una agricultura sustentable de pequeña escala respaldada por programas de reforma agraria genuinos.

La promoción de políticas energéticas sensatas y sustentables. Esto incluye menos consumo de energía y producción de energía solar y biogás en las granjas en vez de la fuerte promoción de la producción de agrocombustibles, como es el caso actual.

La implementación de políticas agrícolas y de comercio, a nivel local, nacional e internacional, que respalden la agricultura y el consumo local de alimentos sustentables. Ello incluye la prohibición del tipo de subsidios que llevan al dumping de los alimentos baratos en los mercados.

1- http://www.viacampesina.org/main_en/index.php?option=com_content&task=view&id=457&Itemid=37

El Grupo de los 8 y la crisis climática: ¿Las acciones concordarán con las palabras?

Los gobiernos de algunos de los países más poderosos del mundo (1) se reunieron recientemente en Italia y produjeron un documento titulado “Liderazgo Responsable para un Futuro Sustentable”. En su declaración, ellos informaron al mundo que están “determinados a asegurar el desarrollo sustentable y a abordar los desafíos interrelacionados de la crisis económica, la pobreza y el cambio climático.”

Si no fuera porque la actual situación es tan trágica, resultaría gracioso.

El mundo está enfrentando una gran crisis económica, la pobreza está creciendo en todo el mundo —incluso en esos 8 países— y la crisis climática está convirtiéndose en un desastre. Todo, como resultado directo del liderazgo “responsable” ejercido, durante muchas décadas, por los gobiernos de esos y otros cuantos países más.

Es obvio que nadie puede culpar a países como Tuvalu, Fiji, Laos, Camboya, Papua Nueva Guines, Gambia, Namibia, Uruguay, Cuba o a la mayoría del los 192 estados miembros de las Naciones Unidas, por haber creado estos problemas. Sin embargo, la mayoría de ellos ya están sufriendo grandes impactos sobre sus pueblos.

El G8 ahora promete que ellos tomarán “el liderazgo en la lucha contra el cambio climático”, pero la realidad muestra que están haciendo justamente lo contrario: en el Reino Unido se está criminalizando a quienes han protestado para tratar de impedir el uso de carbón; en Alaska se planean perforaciones petroleras; las compañias petroleras y de gas de los países del G8 continúan beneficiándose de los combustibles fósiles, en tanto que el consumo en los países del grupo ha significado a destrucción de las selvas

Los países que ya están sufriendo con el cambio climático nunca han expresado el deseo de ser “liderados” por el G8. Al contrario, les están exigiendo, a ellos y a otros gobiernos poderosos, aceptar su responsabilidad por los problemas que han creado y hacer algo al respecto. No en el 2050, sino que ahora ya. No con declaraciones, sino que con acciones concretas. No a través de los “mecanismos de mercado”, sino que a través de legislaciones estrictas.

El mundo —sus pueblos y ecosistemas— no pueden tolerar más un sistema donde pocos gobiernos —basados en su poder económico, político y militar— utilicen y destruyan el planeta para su propio beneficio. Al respecto, el G8 necesita recordar lo que significa la democracia y aceptar que son una pequeña minoría a la que nadie les ha atribuido el liderazgo, excepto ellos mismos.

El mundo no quiere o necesita de sus “liderazgos” sino que necesita que actúen de manera “reponsable” para solucionar el desastre climático que han provocado. El mundo necesita que pongan sus acciones a la altura de sus palabras.

Movimiento Mundial por los Bosques (2)

(1) Los miembros del G8 son: Canada, Francia, Alemania, Italia, Japón, Rusia, the Reino Unido and los Estados Unidos. La Comunidad Europea también asiste.

(2) "Viewpoint", WRM Boletín mensual. número 144, junio 2009. www.wrm.org.uy

17/11/2009 11:17 Autor: altermediambiente. Enlace permanente. Tema: Cambio Social y Nueva Civilización. No hay comentarios. Comentar.

La Tierra No Aguanta Más

 

http://www.kaosenlared.net/img2/108/108110_17e1c55boffp_x.jpg

 

 

   - Tres crisis en una: la de sustentabilidad, la social y la del clima

    - El drama de la eco-miopía
    - El actual caos es creativo y generativo
    - Sólo la sociedad civil internacional puede salvar el planeta
 
Ginebra, Suiza.- La crisis ambiental irrumpe en primer plano mediático de cara a la Conferencia del Clima de Copenhague, Dinamarca, a realizarse el 13 de diciembre próximo. Las perspectivas no son optimistas por falta de un consenso previo para alcanzar un acuerdo definitivo. “A pesar de los pronósticos sombríos tengo confianza que la esperanza vencerá al miedo y que la vida es más fuerte que la muerte”, asegura el teólogo brasilero Leonardo Boff al iniciar esta entrevista exclusiva durante su reciente visita a Suiza. Boff, uno de los padres fundadores de la teología de la liberación recibió el 7 de noviembre el Doctorado Honoris Causa de la Universidad de Neuchâtel. Previamente, la misma semana, animó un debate público organizado por las ONG de cooperación solidaria E-CHANGER, y Misión de Belém Immensee en la Casa de Solidaridad Romero (RomeroHaus) en Lucerna donde participaron 200 personas.
 
P: Todo el mundo habla hoy de la problemática ecológica que vive el planeta. Usted fue uno de los primeros, ya en los años ochenta, en alertar sobre este tema. ¿Cuál es su análisis de la actual situación medioambiental?
 
Leonardo Boff: Hay muchos indicadores científicos que apuntan a la irrupción de una tragedia ecológica y humanitaria. Nada esencial ha cambiado desde la redacción de la Carta de la Tierra en 2003 que elaboramos un grupo de personalidades del mundo entero. Decíamos en ese maravilloso documento: “Estamos en un momento crítico de la Tierra en el cual la humanidad debe escoger su futuro. Y la elección es ésta: o se promueve una alianza global para cuidar a los otros y la Tierra o arriesgamos nuestra destrucción y la devastación de la diversidad de la vida”.
 
“SE CONSUME MÁS DE LO QUE LA TIERRA SOPORTA”
 
P: Una afirmación tajante que no acepta términos medios ¿Cómo se sustenta?
 
Boff: En la confluencia actual de tres crisis estructurales. La crisis debido a la falta de sustentabilidad del planeta Tierra; la crisis social mundial; y la crisis del calentamiento creciente.
 
P: ¿Puede ejemplificar esa afirmación?
 
Boff: A nivel social, casi la mitad de la humanidad vive hoy por debajo del nivel de miseria. Las cifras son aterradoras. El 20% más rico consume el 82.49 % de todas la riqueza de la Tierra y el 20 % más pobre, se tiene que contentar con un minúsculo 1.6%.
 
En cuanto al calentamiento de la Tierra, la FAO (Organización de la ONU para la Alimentación) ha advertido que en los próximos años habrá entre 150 y 200 millones de refugiados climáticos. Las previsiones más dramáticas hablan de un aumento para 2035 de 4°C. Y se especula para final del siglo un aumento de 7°C. Si esto realmente se produce, ningún tipo de vida hoy conocido podrá sobrevivir. En cuanto a la crisis de sustentabilidad, doy un ejemplo ilustrativo: la humanidad está hoy consumiendo un 30% más de la capacidad de reposición. Es decir un 30% más de lo que la Tierra misma puede reponer.
 
P: Sin embargo esta tendencia consumista del planeta no es nueva...
 
Boff: No. Pero lo que es nuevo son los niveles acelerados de ese deterioro. Según estudios de todo crédito, en 1961 precisábamos de la mitad de la Tierra para dar respuesta a las demandas humanas. En 1981 se daba un empate, es decir ya necesitábamos a la Tierra entera. En 1995 sobrepasamos en un 10 % la capacidad de reposición, aunque todavía era soportable. En 2008, superamos el
 
30 %. La Tierra está dando señales inequívocas de que ya no aguanta más.
 
“EN ALGUNOS AÑOS SE NECESITARÍAN DOS TIERRAS”
 
P: ¿Con perspectivas futuras todavía más preocupantes?
 
Boff: Si se mantiene el crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) mundial entre 2-3% por año, como está previsto, en 2050 necesitaríamos dos planetas Tierra para dar respuesta al consumo, lo que es imposible porque contamos con sólo una.
 
 P: ¿Eso obliga a comenzar a pensar en otro paradigma de civilización?
 
Boff: En efecto. No podemos producir como lo venimos haciendo hasta ahora. El actual modelo de producción, el capitalista, parte del falso presupuesto que la tierra es como un gran baúl del cual se pueden sacar recursos indefinidamente para obtener beneficios con la mínima inversión posible en el tiempo más corto. Hoy queda claro que la Tierra es un planeta pequeño, viejo y limitado que no soporta una explotación ilimitada. Tenemos que dirigirnos hacia otra forma de producción y asumir hábitos de consumo distintos. Producir para responder a las necesidades humanas en armonía con la Tierra, respetando sus límites, con un sentido de igualdad y de solidaridad con las generaciones futuras. Eso es el nuevo paradigma de civilización.
 
COPENHAGUE: LA INFLUENCIA DEL PODER ECONÓMICO
 
P: Para volver al hoy y al aquí...En pocas semanas se realiza en Copenhague la Conferencia sobre el Clima. ¿Hay perspectivas de un acuerdo?
 
Boff:   Hay una premisa clave. Debemos hacer todo lo posible para estabilizar el clima evitando que el calentamiento de la tierra sea mayor a 2 o 3 grados y que la vida pueda continuar. Comprendiendo que ya ese calentamiento implicaría una devastación de la biodiversidad y el holocausto de millones de personas, cuyos territorios no serán más habitables, especialmente en África y en el sudeste asiático. Me preocupa, en ese escenario, la irresponsabilidad de muchos Gobiernos, especialmente de los países ricos, que no quieren establecer metas consistentes para la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero y salvar el clima. ¡Una verdadera ecomiopía!
 
 P: ¿Eso proviene de una falta de voluntad política para llegar a acuerdos?
 
Boff: Sobre todo de un conflicto de intereses. Las grandes empresas, por ejemplo las petroleras, no quieren cambiar porque perderían sus enormes ganancias actuales. Hay que entender la interdependencia del poder político y el económico. El gran poder es el económico. El político es una derivación del económico. Los Estados, en muchos casos, no representan los intereses de los pueblos sino de los grandes actores económicos.
 
P: ¿En caso de un fracaso de Copenhague, cuál sería el escenario posterior en lo que hace a la ya grave situación climática?
 
Boff: A mi entender, si hay una frustración política, eso puede significar un reto enorme para la sociedad civil. Para que se movilice, presione y promueva los cambios que vienen siempre de abajo. Confío en eso: la razón, la prudencia, la sabiduría vendrá de la sociedad civil. Será, también, en cuanto al clima, el principal sujeto histórico. Ningún cambio real viene de arriba, sino de abajo.
 
Y a pesar de lo difícil del presente, tengo la confianza que no se trate de una tragedia que acabará mal sino de una crisis que purifica y que nos permita dar un salto en la dirección de un futuro mejor.
 
P: ¿Con un programa común para salvar la Tierra?
 
Boff: Impulsando una bio-civilización que deberá promover cuatro ejes esenciales. El uso sustentable, responsable y solidario de los limitados recursos y servicios de la naturaleza. El control democrático de las relaciones sociales, especialmente sobre los mercados y los capitales especulativos. Un ethos mínimo mundial que debe nacer del intercambio multicultural, enfatizando en la compasión, la cooperación y la responsabilidad universal. Y la espiritualidad, como dimensión antropológica y no como un monopolio de las religiones. Debe desarrollarse como expresión de una conciencia que se siente parte de un Todo mayor, que percibe una Energía poderosa y que representa el sentido supremo de todo.
 
VIDA DE COMPROMISO
 
Leonardo Boff nació en Concordia, Estado brasilero de Santa Catarina.
 
En diciembre del 2008 cumplió los 70 años (nació el 14 de diciembre de 1938).
 
Para esa ocasión se publicó en Suiza el libro: “Leonardo Boff: abogado de los pobres”, en homenaje a su trabajo pastoral y de acompañamiento de los movimientos populares y sociales de Latinoamérica. Y en reconocimiento a su producción literaria. Ha escrito hasta el momento 82 libros, muchos de ellos traducidos a decenas de lenguas.
 
En los años setenta, fue uno de los “padres” fundadores de la Teología de la Liberación. Lo que le valió una primera sanción del Vaticano en 1985. Ante una nueva amenaza de sanción Boff renunció a sus actividades sacerdotales en 1992 y se autoproclamó al estado laico.
 
Además del Doctorado Honoris Causa que recibe en noviembre de este año de la Universidad de Neuchâtel, obtuvo igual título honorífico, entre otras, de las universidades de Lund (Suecia); Londres (Gran Bretaña); Turín (Italia) y San Leopoldo (Brasil).
 
En diciembre del 2001 recibió el Premio Nóbel Alternativo de la Paz por sus aportes a la lucha por la defensa del clima y su compromiso social.
 
En la actualidad continúa sus aportes teológicos, con un particular acento en la temática ecológica. Es asesor del Movimiento de los Trabajadores rurales sin Tierra (MST) y de las Comunidades Eclesiales de Base (CEBs) de Brasil.
 
- Sergio Ferrari Colaboración de prensa de E-CHANGER, ONG suiza de cooperación solidaria



http://alainet.org/active/34256

13/11/2009 10:47 Autor: altermediambiente. Enlace permanente. Tema: Leonardo Boff. No hay comentarios. Comentar.

Solo 85 Meses Para Detener Calentamiento Global

Nos quedan 85 meses para evitar cambio climático descontrolado



85 meses para no arriesgarnos a un cambio climático sin control

El sitio web llamado onehundredmonths.org muestra un reloj marcando la dramática cuenta atrás hasta que el calentamiento sin control comience y han pasado 15 meses desde que comenzó la cuenta atrás sin ningún avance en las negociaciones por el clima de la o­nU.


La idea está basada en un estudio publicado en 2006 por el investigador Malte Meinshausen. Fue el primer científico en cuantificar con porcentajes la probabilidad de exceder ciertos umbrales climáticos: En su documento del 2006 concluyó que sólo estabilizando la concentración de gases de efecto invernadero en 400 partes por millón (ppm) sería “probable” (definido como un porcentaje entre el 66 y el 90%) que el mundo estuviera por debajo de un calentamiento eventual de dos grados. El análisis de la NEF ha desarrollado un cálculo simple, simplemente contabilizando el tiempo que queda antes de que se alcance el nivel de 400 ppm. La fecha límite, si se echa la cuenta, es el 1 de diciembre de 2016.


El gran peligro del cambio climático es que un proceso sistémico a largo plazo. Amenazas urgentes evidentes –como guerras o crisis económica- son fáciles de poner en lo más alto de nuestra lista de prioridades. Pero el cambio climático es un proceso muy lento (noten la línea actual de los escépticos de desprestigiar la falta de un calentamiento año a año como esperanza de probar que todo es un gran error), y otro donde la causa y el efecto (CO2=desastres climáticos) no son tan obvios a un nivel intuitivo, de ahí la continua predominancia de hacerse ilusiones, teorías de la conspiración y rotunda negación. El cambio climático claramente no compromete nuestros mecanismos naturales psicológicos de autodefensa.


Este es el valor de la campaña de los 100 meses, que inyecta un sentido de urgencia en lo que en realidad es un proceso muy lento de cocinarnos. Necesitamos enmarcar este asunto como urgente para generar cualquier tipo de respuesta apropiada y en realidad la NEF explícitamente usa la analogía de en tiempos de guerra. Pero, el retroceso es también claro: En enero de 2017, después de pasar la fecha tope, la gente podría volverse fatalista (“Hemos pasado el punto crítico, renunciemos”) o podría volverse más escéptica (“la cosas no han cambiado mucho- ¿Pensaba que decías que el mundo iba a terminar?”). El fin del mundo no será en 2012 como anuncia la película que se estrena hoy y no ocurrirá en un día concreto, pero si no conseguimos reducir nuestras emisiones iremos acercándonos a él a partir de 2017.


En realidad, esto un forma de analizar riesgos. ¿Cuánto riesgo de destruir nuestro hábitat planetario estamos dispuestos a correr si seguimos quemando combustibles fósiles? Mucho, parece.

http://www.globalizate.org
13/11/2009 09:55 Autor: altermediambiente. Enlace permanente. Tema: Cambio Climático. No hay comentarios. Comentar.

El Marketing del Miedo



Miguel Jara
Miguel Jara

 

Es el corresponsal en España del British Medical Journal y colaborador habitual de la revista Discovery Salud. La salud que viene, nuevas enfermedades y el marketing del miedo Traficantes de salud y Conspiraciones tóxicas-documenta todos esos aspectos de la industria farmacéutica que para algunos son pura leyenda alarmista y para otros infamias de la avaricia, desde cómo nos venden medicamentos peligrosos y las vacunaciones masivas, peligrosas e innecesarias, hasta todas las nuevas enfermedades que están surgiendo por el impacto tóxico. Y clarifica cuál es la influencia de la industria química en la política mundial.


Ocho años de investigación, ¿cuál es su conclusión?


Vivimos en un mundo donde las personas importan muy poco.


Triste conclusión.


... Donde descaradamente se da rienda suelta a los negocios que atentan contra la salud de las personas, contaminaciones de todo tipo que influyen en nuestra calidad de vida.


¿Y aparecen nuevas enfermedades?


Sí, hipersensibilidad a los productos químicos que nos rodean y enfermedades producidas por la contaminación electromagnética, la gran carga de microondas que estamos sufriendo desde hace 15 años con la expansión de la comunicación inalámbrica.


¿De qué porcentaje de enfermos estamos hablando?


De un 15% en España de enfermos por sensibilidad química múltiple, enfermedad no reconocida aquí pero sí en otros países avanzados, como Suecia. El 5% de estos enfermos ha desarrollado síndrome de fatiga crónica y fibromialgia; el resto, alergia, asma, hiperactividad en niños, alzheimer, parkinson y distintos cánceres.


¿Qué productos químicos las causan?


Los que ingerimos: pesticidas y todo tipo de aditivos químicos como conservantes y saborizantes; los que respiramos en las ciudades, donde el aire esta cargado de metales pesados; y todos los barnices, pinturas, cosméticos, perfumes, productos de limpieza…


¿En qué consiste la hipersensibilidad a los campos electromagnéticos?


Hay personas que ya no aguantan la carga de contaminación electromagnética que se está emitiendo en las grandes ciudades y reaccionan con una enfermedad crónica llamada síndrome de las microondas.


¿Cuáles son sus síntomas?


Dolores de cabeza, mareos, vértigos, insomnio, y puede derivar en cánceres y leucemia en niños. Está todo documentado con estudios científicos multinacionales. En Francia se ha creado una zona blanca, sin antenas de telefonía móvil ni ningún campo electromagnético cercano, refugios para las personas que padecen esta enfermedad.


También ha investigado el síndrome del edificio enfermo.


He documentado los casos de lipoatrofia semicircular que hubo en la torre Agbar, en edificios de La Caixa y en Telefónica Madrid. Desaparece la grasa de los muslos y aparece un semicírculo en el que la piel queda hundida. Lo producen las mesas metálicas que se hallan en campos electromagnéticos fuertes: móviles, wi-fi, unido a la falta de ventilación: el aire acondicionado cambia la composición del aire, lo electrifica.

¡ ... !


Vivimos en una sociedad enferma. Hay más de 104.000 productos tóxicos liberados en el medio ambiente y los niños nacen con una carga tóxica: entre 40 y 60 productos químicos que heredan de sus madres.


También habla usted de enfermedades creadas por la industrial farmacéutica.


Para vender más medicamentos tipifican como enfermedad la timidez y la llaman fobia social, o inventan el trastorno oposicionista desafiante compulsivo reconocido oficialmente en el DSM4, la biblia de la psiquiatría, y que no es más que la rebeldía de los niños.


¿La rebeldía se medica?


Se trata con fármacos tipo Retalin. Otro trastorno definido es el incumplimiento terapéutico, es decir: decidir no seguir el tratamiento del médico está conceptualizado como una enfermedad.


¿Crisis en la industria farmacéutica?


Muy grave, están venciendo las patentes más rentables y no están descubriendo nuevas moléculas para producir y patentar medicamentos al ritmo que necesitan; lo único que les queda es el marketing del miedo.


¿Estrategia de venta?


Sí, la más usada en los últimos años para impulsar la creación de nuevas enfermedades; es lo que estamos viendo con la gripe A, o con la campaña de promoción de la vacuna contra el virus del papiloma humano: generar miedo en la población para que abrace ciertos tratamientos.


¿No le parece un hallazgo la vacuna contra el cáncer de cuello de útero?


Es la campaña de lobby de presión sobre políticos más grande de la medicina. Piense que el sector que más ha influido, a través de financiación, en los dos grandes partidos de EE. UU. en los últimos decenios es la industria farmacéutica.


Lo que hoy preocupa es la pandemia.


Con la gripe A se está repitiendo el mismo esquema de marketing del miedo que se utilizó con la gripe aviar. La OMS nos dijo que podrían morir 150 millones y murieron 250 personas. Pero vendieron mucho Tamiflu, un antiviral en el que Donald Rumsfeld (entonces secretario de Defensa) tenía muchos intereses, así que fue quien más declaraciones hizo a propósito de la pandemia.


¿Hay vacunas peligrosas?


Las que contienen tiomersal, un conservante que lleva mercurio, producto muy tóxico y común que puede causa autismo.


El Comité Consultivo Mundial sobre Seguridad de las Vacunas dijo que no hay evidencia de toxicidad.


En el 2000 hubo 4.000 demandas que relacionaban el tiomersal con el autismo de niños. En España, 70 familias han demandado al Ministerio de Sanidad por no haber avisado a la población del peligro. El tema está en la Audiencia Nacional.

09/11/2009 10:13 Autor: altermediambiente. Enlace permanente. Tema: Salud y Ecología. No hay comentarios. Comentar.

Otra Agricultura Para Salvar Al Planeta y la Humanidad

Otra agricultura para otro clima

03-11-09 Por Esther Vivas

 

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El actual modelo de producción agrícola y ganadero industrial contribuye a profundizar en la crisis ecológica global con un impacto directo en la generación de cambio climático. Aunque a primera vista no lo parezca, la agroindustria es una de las principales fuentes de emisión de gases de efecto invernadero.

Así lo ha puesto de relieve la campaña No te comas el mundo, en el marco de las movilizaciones de estos días en motivo de la reunión de las Naciones Unidas en Barcelona sobre cambio climático, previa a la crucial cumbre de Copenhague (COP15) en diciembre donde debe aprobarse un nuevo tratado que sustituya al de Kyoto.

Según la campaña, entre un 44 y un 57% de las emisiones de gases de efecto invernadero son provocadas por el actual modelo de producción, distribución y consumo de alimentos. Una cifra resultado de sumar las emisiones de las actividades estrictamente agrícolas (11-15%), de la deforestación (15-18%), del procesamiento, transporte y refrigeración de los alimentos (15-20%) y de los residuos orgánicos (3-4%).

Y es que no podemos olvidar los elementos que caracterizan a este sistema de producción de alimentos: intensivo, industrial, kilométrico, deslocalizado y petrodependiente. Veámoslo en detalle. Intensivo, porque lleva a cabo una sobre-explotación de los suelos y de los recursos naturales que acaba generando la liberación de gases de efecto invernadero por parte de bosques, campos de cultivo y pastos. Al anteponer la productividad, por delante del cuidado del medio ambiente y la regeneración de la tierra, se rompe el equilibrio mediante el cual los suelos capturan y almacenan carbono, contribuyendo a la estabilidad climática.

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Industrial, porque consiste en un modelo de producción mecanizado, con uso de agroquímicos, monocultivos, etc. La utilización de grandes tractores para labrar la tierra y procesar la comida contribuye a la liberación de más CO2. Los fertilizantes químicos utilizados en la agricultura y en la ganadería moderna generan una importante cantidad de óxido nitroso, una de las principales fuentes de emisión de gases de efecto invernadero. Asimismo, la quema de bosques, selvas... para convertirlos en pastos o monocultivos acaba afectando gravemente a la biodiversidad y contribuye a la liberación masiva de carbono.

Kilométrico y petrodependiente, porque se trata de una producción de mercancías deslocalizada en búsqueda de la mano de obra más barata y de la legislación medioambiental más laxa. Los alimentos que consumimos recorren miles de kilómetros antes de llegar a nuestra mesa con el consiguiente impacto medioambiental. Se calcula que en la actualidad, la mayor parte de los alimentos viajan entre 2.500 y 4.000 kilómetros antes de ser consumidos, un 25% más que en 1980. Nos encontramos ante una situación totalmente insostenible donde, por ejemplo, la energía para mandar unas lechugas de Almería a Holanda es tres veces superior a la utilizada para cultivarlas, a la vez que consumimos alimentos que provienen de la otra punta del mundo cuando muchos de éstos se cultivan también a nivel local.

 

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La ganadería industrial es otro de los principales generadores de gases de efecto invernadero y su avance ha significado una mayor deforestación con un 26% de la superficie terrestre dedicada a pastos y el 33% a la producción de grano para piensos. Sus porcentajes de emisión equivalen al 9% de las emisiones de CO2 (principalmente por deforestación), el 37% de las de metano (por la digestión de los rumiantes) y el 65% del óxido nitroso (por el estiércol).

Este modelo de alimentación kilométrica y viajera, así como el alto uso de agroquímicos derivados del petróleo, implica una fuerte dependencia de los recursos fósiles. En consecuencia, en la medida en que el modelo productivo agrícola y ganadero industrial depende fuertemente del petróleo, la crisis alimentaria, la crisis energética y la crisis climática están íntimamente relacionadas.

 

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Pero a pesar de estos datos, podemos parar el cambio climático y la agricultura campesina, local y agroecológica, como señala el centro de investigación GRAIN, puede contribuir de forma determinante a ello. Se trata de devolverle a la tierra la materia orgánica que se le ha quitado, después de que la revolución verde haya agotado los suelos con el uso intensivo de fertilizantes químicos, pesticidas, etc. Para hacerlo, hace falta apostar por técnicas agrícolas sostenibles que pueden aumentar gradualmente la materia orgánica de la tierra en un 2% en un periodo de cincuenta años, restituyendo el porcentaje eliminado desde la década de los 60.

Es necesario apostar por un modelo de producción diversificado, incorporando praderas y abono verde, integrando de nuevo la producción animal en el cultivo agrícola, con árboles y plantas silvestres, así como promover circuitos cortos de comercialización y la venta directa en mercados locales. Con estas prácticas, se calcula que sería posible capturar hasta 2/3 del actual exceso de CO2 en la atmósfera. El movimiento internacional de La Vía Campesina lo tiene claro cuando señala que “la agricultura campesina puede enfriar el planeta”.

 



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Asimismo, hay que denunciar las falsas soluciones del capitalismo verde al cambio climático como la energía nuclear, los agrocombustibles u otras, así como los lobbies empresariales que buscan mercantilizar el tratado de Copenhague. Desde distintos movimientos sociales se exige “justicia climática”, frente a los mecanismos de mercado incorporados en el protocolo de Kyoto y que tendrán continuidad en Copenhague. Una justicia climática que debe ir a la par con la “justicia social”, ligando la lucha contra la crisis ecológica global con el combate contra la crisis económica que afecta a amplios sectores populares, en base a una perspectiva anticapitalista y ecosocialista. Para que el clima no cambie, hay que cambiar el mundo. www.ecoportal.net

Esther Vivas es autora “Del campo al plato” (Icaria, 2009). Artículo publicado en Público, 03/11/09.

07/11/2009 11:17 Autor: altermediambiente. Enlace permanente. Tema: Cambio Social y Nueva Civilización. No hay comentarios. Comentar.

El Clima No Se Vende Ni Se Compra

El clima no es una mercancía

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La crisis climática es hoy una realidad innegable. Según el Panel Internacional Sobre Cambio Climático (IPCC), la temperatura global ha aumentado, entre 1906 y 2005, un 0,74ºC de media y en los últimos cincuenta años esta subida ha doblado prácticamente la de los cien anteriores.

La lógica del sistema capitalista, que antepone los intereses privados a los bienes públicos y comunitarios, es el máximo responsable de esta situación límite. Un modelo productivista, basado en el uso intensivo de recursos fósiles altamente contaminantes, explotación sistemática de la tierra... Un modelo que nos ha conducido a una crisis financiera, energética, social, alimentaria y climática sin precedentes.

Las "soluciones" que se están aplicando para salir de la actual crisis van en una dirección pro-capitalista. Frente a la quiebra de la economía: más ayudas a la empresa privada y a los bancos, mientras el número de parados no para de aumentar. Frente al hambre en el mundo: se apuesta por una nueva revolución verde, más transgénicos y agricultura intensiva, mientras la dificultad para acceder a los alimentos continúa y el número de personas que pasan hambre no para de crecer. Frente al cambio climático: se promueve un "capitalismo verde", los agrocombustibles, la comercialización con los derechos de emisiones..., mientras el planeta continúa calentándose. En definitiva, nos quieren hacer creer que las soluciones a la "gran crisis" pasan por intensificar, precisamente, aquellas políticas que nos han conducido a la misma.

Estos días, Barcelona acoge la reunión de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático previa a la cumbre de Copenhague (COP 15) donde se quiere revisar el actual protocolo de Kyoto y todo apunta a un previsible fracaso de las negociaciones. Los intereses empresariales, en connivencia con los gubernamentales, priman por sobre la voluntad de reducir los gases de efecto invernadero y acabar con el cambio climático.

Frente esta situación, hay que exigir reducciones drásticas, obligatorias y proporcionales. Los países del Norte son los que más tienen que reducir las emisiones en su territorio y sin recurrir a la compensación por inversiones en países terceros. También hay que impulsar un nuevo modelo energético basado en las renovables y un sistema de movilidad sostenible partiendo del transporte terrestre y de carácter público, a la vez que hace falta una reforma radical de los Mecanismos de Desarrollo Limpio.

Todo esto y más es lo que reivindica la campaña El clima no está en venta, integrada por un amplio abanico de asociaciones ecologistas, en defensa del territorio, cooperativas y grupos de consumo, sindicatos, ONGs... en motivo de la reunión de las Naciones Unidas en Barcelona.

Porque no se puede seguir comercializando con el planeta. La vida, los alimentos, la salud, la tierra, la educación y el clima no son una mercancía.

Esther Vivas es miembro de la campaña El clima no está en venta. Artículo publicado en La Directa, nº 159.

06/11/2009 09:41 Autor: altermediambiente. Enlace permanente. Tema: Cambio Climático. No hay comentarios. Comentar.

La Justa Medida

Carencia de justa medida

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  Nuestra cultura se caracteriza por el exceso en casi todos los ámbitos de la vida: exceso en la utilización de los recursos naturales, en la explotación de la fuerza de trabajo, en la especulación financiera, en la acumulación de riqueza. La crisis actual es en gran parte fruto de este exceso.

El historiador inglés Arnold Toynbee en sus estudios sobre el nacimiento y muerte de las civilizaciones señala que éstas entran en colapso cuando el exceso, en más o en menos, empieza a dominar. Es lo que estamos viendo actualmente. De ahí la importancia de reflexionar sobre la justa medida, que acaba siendo sinónimo de sostenibilidad.

La justa medida tiene que ver con lo óptimo relativo, es decir, con el equilibrio dinámico entre el más y el menos. Por una parte, toda medida es sentida negativamente como límite a nuestras pretensiones. De ahí nace la voluntad y hasta el placer de violar el límite. Y por la otra, es sentida positivamente como la capacidad de usar en forma moderada potencialidades que pueden dar otro rumbo a la historia y así garantizar la continuidad de la vida.

Veamos rápidamente el lugar de la justa medida en algunas de las grandes culturas que conocemos.

En las culturas de la cuenca del Mediterráneo, especialmente entre los egipcios, griegos, latinos y hebreos la búsqueda de la justa medida era central. Lo mismo se da en el budismo y en la filosofía ecológica del Feng Shui chino. Para estas tradiciones el símbolo era la balanza y las respectivas divinidades femeninas, tutoras del equilibrio.

La diosa Maat era la personificación de la justa medida para los egipcios. Bajo su responsabilidad estaba la medida política que permitía que todo fluyera equilibrada y armoniosamente. Pero los sabios egipcios pronto percibieron que ese equilibrio solo era sostenible si la medida exterior correspondía a la medida interior. En caso contrario, impera el legalismo. Hoy sabemos que su visión influyó fuertemente en el pensamiento griego y latino e hizo que una de las características fundamentales de la cultura griega fuese la búsqueda insaciable de la medida (metrón en griego, de donde viene nuestro metro). Es clásica la formulación, verdadera regla de oro: «la perfección está en la justa medida de todas las cosas».

La diosa Némesis, venerada por griegos y latinos, correspondía a la diosa Maat de los egipcios. Representaba la justicia divina y la justa medida. Quien osase sobrepasar la propia medida (eso se llamaba hybris = arrogancia y presunción exacerbadas) era inmediatamente fulminado por esta divinidad. Así, por ejemplo, los campeones olímpicos que, como en los días actuales, se dejaban endiosar por sus admiradores; también los escritores y artistas que permitían su divinización por causa de sus obras.

La Biblia judeocristiana formula, a su manera, la búsqueda de esta medida: Se basa en el reconocimiento del límite infranqueable entre el Creador y la criatura. Ésta jamás podrá traspasar ese límite y ser como Dios. La gran tentación formulada por la serpiente a Adán y Eva en el paraíso terrenal era: si traspasaban el límite serían como Dios. Lo traspasaron y recibieron el castigo: la expulsión del paraíso. Pecado es no aceptar la situación de criatura, es rechazar ese límite y esa medida, es intentar elevarse a la altura divina.

A pesar de la expulsión, la misión de cultivar y guardar el jardín del Edén continuó. Aquí se anuncia una medida de valor siempre actual: el ser humano puede intervenir en la naturaleza siempre que esté orientado por la medida del cuidado, pues «cultivar» expresa el cuidado esencial y «guardar» es sinónimo de garantizar la sostenibilidad.

Pero hay que preguntar: ¿Quién garantiza la sostenibilidad? Se han señalado muchas fuentes inspiradoras, generalmente indicadas como únicas: la naturaleza o la razón universal o la sabiduría de los pueblos o las religiones y la revelación contenida en la Biblia judeocristiana, o en el Corán o en las Upanishads o en el Tao, y otras.

Hoy estamos cada vez más convencidos de que nada puede ser reducido a una única causa (monocausalidad) o a un único factor, pues nada es lineal y simple. Todo es complejo y está entretejido de inter-retro-relaciones de redes de inclusiones. Por eso necesitamos articular todas esas instancias y algunas otras. Juntas, deben ayudarnos a encontrar una justa medida adecuada, pues todas aportan alguna luz y comunican alguna verdad. Sabiduría es asumir estas verdades que potencian el equilibrio y permiten que la vida viva y evitan conflictos innecesarios.

La pregunta para nosotros hoy es: ¿Cuál es la justa medida de intervención en la naturaleza que por un lado preserve el capital natural, y por el otro nos comporte beneficios? Por no haber encontrado todavía la formula, estamos patinando en la crisis.

24/10/2009 20:45 Autor: altermediambiente. Enlace permanente. Tema: Leonardo Boff. No hay comentarios. Comentar.

Prohiben Alimentos Transgénicos en Escuelas de Fortaleza - Brasil

Projeto de Lei de autoria do vereador João Alfredo (PSOL), que proíbe a utilização de alimentos transgênicos nas escolas da capital cearense, foi aprovado nesta semana.

 

23 de outubro de 2009

Da Adital

A Câmara Municipal de Fortaleza (CE) mostrou que está atenta à qualidade da alimentação de crianças e adolescentes da Rede Pública Municipal de Ensino. O Projeto de Lei de autoria do vereador João Alfredo (PSOL) que proíbe a utilização de alimentos transgênicos nas escolas foi aprovado por consenso na manhã desta terça-feira (20/10). Agora, a proposta segue para redação final.

Destacando a importância de tal decisão, o vereador explicou que o projeto foi inspirado em sua militância no Greenpeace, ONG ambientalista na qual atuou como consultor de políticas públicas. Segundo ele, é fruto, ainda, da "luta em defesa da biossegurança, do princípio da preocupação e da defesa de uma alimentação saudável para nossas crianças".

23/10/2009 19:45 Autor: altermediambiente. Enlace permanente. Tema: Transgénicos y Salud. No hay comentarios. Comentar.


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