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Resultados de los Transgénicos en EE.UU.

Impacto de los cultivos genéticamente modificados: Los primeros 13 años
31-01-10 Por Charles Benbrook

La tendencia a un aumento cada vez mayor de la diferencia entre el volumen de herbicidas utilizado para controlar las malezas en los campos cultivados con variedades RH con respecto a los campos cultivados con semillas convencionales, se debe a dos factores principales:La aparición y rápida expansión de malezas resistentes al glifosato y crecientes reducciones en el volumen de herbicidas aplicado en la superficie cultivada con variedades no MG.

Entre 2006 y 2008 se han cultivado en EEUU 381 millones de hectáreas de maíz, soja y algodón modificados genéticamente (MG) resistentes los herbicidas (RH). La soja RH representaba las dos terceras partes de esta superficie.

Se han cultivado también 145 millones de hectáreas de variedades de maíz y de algodón MG insecticida (Bt), representando el maíz el 79% de esta superficie.

Contabilizando la superficie sembrada de cada uno de estos rasgos, entre 1996 y 2008 se habrían cultivado unos 526 millones de hectáreas de cultivos RH y Bt (hectáreas/rasgo), representando los cultivos HT el 72% de esta superficie. La superficie real sembrada con soja, maíz y algodón MG en este periodo, no obstante, es considerablemente inferior a los 526 millones, debido al predominio de variedades de maíz y de algodón que exhiben ambos rasgos transgénicos.

Impacto sobre el uso de pesticidas

En los primeros 13 años de utilización a escala comercial, los cultivos MG han incrementado en 144,4 millones de kilos el uso total de pesticidas con respecto a la cantidad de estos productos que hubiera sido aplicada seguramente de no disponerse de semillas RH y Bt.

Este incremento de 144,4 millones de kilos representa una media de 0,28 kilos adicionales de ingrediente activo pesticida por hectárea/rasgo MG plantado en los primeros 13 años de cultivo de variedades transgénicas a escala comercial.

Durante este mismo periodo, el maíz y el algodón Bt han conseguido reducciones en el uso de insecticidas que ascienden a un total de 29,1 millones de kilos. La utilización de maíz Bt ha reducido el uso de insecticidas en 14,8 millones de kilos, es decir alrededor de 0,1 kilos por hectárea, mientras que el algodón Bt ha reducido el uso de insecticidas en 14,3 millones de kilos, es decir alrededor de 0,4 kilos por hectárea.

Durante los 13 años de cultivo los cultivos RH han incrementado el uso de herbicidas en 173,5 millones de kilos. De este total, la soja RH ha aumentado el uso de herbicidas en 159 millones de kilos (unos 0,62 kilos por hectárea), representando el 92% del incremento total de empleo de herbicidas en los tres cultivos RH.

La utilización de herbicidas en la superficie cultivada con variedades RH ha experimentado recientemente un aumento muy acusado, representando el incremento en el uso de herbicidas de las temporadas 2007 y 2008 el 46% del aumento total de los tres cultivos en estos 13 años. De 2007 a 2008 el uso de herbicidas en los cultivos RH aumentó un significativo 31,4%.

En los tres primeros años de cultivo a escala comercial (1996-1998), las variedades MG lograron una reducción anual de los pesticidas utilizados en la agricultura del 1,2%, 2,3% y 2,3%, pero en 2007 habían incrementado su utilización en un 20%, y en 2008 en un 27%.

Esta tendencia a un aumento cada vez mayor de la diferencia entre el volumen de herbicidas utilizado para controlar las malezas en los campos cultivados con variedades RH con respecto a los campos cultivados con semillas convencionales, se debe a dos factores principales

La aparición y rápida expansión de malezas resistentes al glifosato y crecientes reducciones en el volumen de herbicidas aplicado en la superficie cultivada con variedades no MG.

Malezas resistentes

La adopción muy extendida de algodón, maíz y soja RoundupReady (RR) resistente al glifosato (RG) ha aumentado enormemente la utilización de productos con este componente herbicida. La excesiva dependencia de glifosato ha generado una creciente plaga de malezas resistentes a este compuesto herbicida, al igual que un empleo excesivo de antibióticos puede provocar la proliferación de bacterias resistentes a los antibióticos.

Las malas hierbas RG eran prácticamente desconocidas antes de la introducción de los cultivos RR en 1996. Hoy día, sin embargo, al menos nueve malezas RG infestan millones de hectáreas de la superficie agrícola estadounidense. Miles de campos albergan dos o más malas hierbas resistentes. Este problema está afectando más a las comarcas del sur, aunque se está extendiendo rápidamente al medio oeste y el norte de EEUU, hasta Minnesota, Wisconsin y Michigan. En general, los agricultores tienen cinco opciones para responder a la aparición de malas hierbas resistentes en los campos plantados con cultivos RH:

  • Aplicar herbicidas adicionales,
  • Incrementar la dosificación del herbicida (o herbicidas) utilizados,
  • Realizar aplicaciones múltiples de herbicidas que antes sólo se aplicaban una vez,
  • Incrementar el laboreo para control de malas hierbas, o bien
  • Eliminar las malas hierbas manualmente.

En el periodo cubierto por este informe las tres primeras han sido con mucho las respuestas más comunes, incrementando así el volumen de herbicidas aplicado en la superficie sembrada con variedades RH.

El amaranto (Amaranthus palmeri) resistente al glifosato se ha extendido espectacularmente por el sur de EEUU desde que las primeras poblaciones resistentes fueron confirmadas en 2005, y representa ya una importante amenaza para la producción de algodón estadounidense. En algunos casos el grado de infestación es tan grave que los productores de algodón se han visto obligados a abandonar las tierras o a recurrir a la práctica pre-industrial de eliminar las malas hierbas mecánicamente con una hazada.

La coniza o erígero (Conyza canadensis) resistente es la maleza resistente al glifosato más extendida. Apareció por primera vez en Delaware en 2000, y ha invadido actualmente varios millones de hectáreas en al menos 16 estados del Sur y del Medio Oeste, sobre todo Illinois. La proliferación de coniza y de otras ocho malezas resistentes al glifosato no sólo está originando incrementos considerables en el uso de glifosato, sino también un aumento del empleo de herbicidas más tóxicos, incluido el paraquat y el 2,4D, un componente del Agente Naranja utilizado en la guerra de Viet Nam como producto defoliante.

En un futuro previsible resulta actualmente inevitable una creciente dependencia de herbicidas más viejos y con mayores riesgos para el manejo de malas hierbas resistentes en los cultivos RH, que aumentará notablemente la huella ecológica y sanitaria del manejo de malezas en más de 40 millones de hectáreas de superficie agrícola en EEUU. Esta huella se acentuará y se hará más diversa, abarcando un creciente riesgo de defectos de nacimiento y de otros problemas reproductivos, impactos más graves en los ecosistemas acuáticos, y episodios mucho más frecuentes de daños por herbicida en la vegetación y cultivos cercanos a campos RH debido a la dispersión no intencionada del herbicida en el entorno.

El gráfico 1.1. muestra la tendencia al alza de los kilos de glifosato aplicados anualmente para cada uno de los tres cultivos RH. Los datos del Servicio Nacional de Estadísticas Agrícolas del Ministerio de Agricultura de EEUU (USDA NASS) muestran que desde 1996 la cantidad aplicada por temporada de cultivo se ha triplicado en las fincas de algodón, se ha duplicado en el caso de la soja y ha aumentado un 39% en el maíz. El incremento anual medio de kilos de glifosato aplicados por hectárea en el algodón, la soja y el maíz ha sido de 18,2%, 9,8% y 4,3% respectivamente desde la introducción de los cultivos RH.

Utilización de dosis menores de herbicidas en los cultivos convencionales

El segundo factor clave que ha llevado a un creciente margen de diferencia en el uso de herbicidas en los cultivos RH respecto a los cultivos convencionales, es el avance de la industria de herbicidas en el descubrimiento de componentes activos más potentes, cuya eficacia permite una aplicación en cantidades cada vez menores. Como resultado de estos avances, el volumen de herbicidas por hectárea utilizado en los cultivos convencionales ha bajado a un ritmo constante desde 1996. Por el contrario, el glifosato/Roundup es un herbicida que requiere aplicaciones a dosis relativamente altas, y el volumen utilizado de glisofato ha aumentado rápidamente en la superficie sembrada con cultivos RH, como es evidente en los datos de NASS presentados arriba.

El volumen de herbicidas aplicado en los cultivos convencionales de soja descendió de 1,3 kilos de ingrediente activo por hectárea en 1996 a 0,55 kilos en 2008. La reducción constante del volumen de herbicida aplicado en la soja convencional representa aproximadamente la mitad de la diferencia en el uso de herbicida en los cultivos de soja MG con respecto a los convencionales. El incremento del volumen de herbicidas aplicado en los cultivos de soja RH, de 1 kilo en 1996 a 1,85 kilos en 2008, representa la otra mitad de la diferencia.

En los insecticidas se ha registrado una tendencia similar. El volumen de insecticidas aplicados para el control del gusano de la raíz del maíz (Diabrotica virgifera) ascendía a unos 0,8 kilos por hectárea a mediados de la década de 1990 y a unos 0,2 kilos una década después. La excepción a esta regla de caída espectacular en el volumen de pesticidas utilizado son los insecticidas utilizados para controlar el complejo del heliotis/gusano del algodón (Helicoverpa armigera/H. zea), habiendo descendido en este caso de forma marginal, de 0,62 kilos a 0,53 kilos por hectárea.

El futuro del maíz, la soja y el algodón MG

En 2010 la inmensa mayoría del maíz, de la soja y del algodón cultivado en EEUU se sembrará con semillas MG. Esta predicción dista mucho de ser osada, pues el suministro de semilla no transgénica es actualmente tan escaso que la mayoría de los agricultores tendrá que comprar semillas MG durante los próximos años, quiera o no quiera.

De mantenerse la tendencia actual, las semillas de maíz, de soja y de algodón MG plantadas en los próximos 5 a 10 años llevarán incorporado un número creciente de rasgos transgénicos (normalmente 3 o más), su precio por hectárea será bastante más elevado, y plantearán riesgos excepcionales de gestión de resistencias, sanidad vegetal, seguridad alimentaria y ecológicos. Los cultivos RH seguirán generando un aumento en el uso de herbicidas, y este incremento seguirá superando en un futuro la reducción del uso de insecticidas lograda en los cultivos Bt.

Un punto de inflexión en los cultivos RoundupReady (RR)

El año 2009 marcará probablemente varios puntos de inflexión en la tendencia de los cultivos RR. La superficie de soja RH descendió un 1% respecto al año anterior, y seguramente volverá a descender varios puntos porcentuales adicionales en 2010. En varios estados la demanda de soja convencional está superando la oferta, lo que ha llevado a las universidades a trabajar con compañías semilleras regionales para intentar cubrir esta carencia.

Las razones argumentadas por los agricultores para abandonar el sistema RR incluyen el coste y los problemas inherentes al control de malas hierbas resistentes al glifosato, el rápido aumento del precio de las semillas, los ventajosos precios de venta de la soja no-MG, un rendimiento de la soja RR2 inferior al esperado y al prometido en 2009, y la posibilidad de guardar y resembrar semillas convencionales (una práctica tradicional que la compra de semillas RH/RR convierte en ilegal).

En las regiones donde los agricultores están luchando ya contra malezas resistentes, especialmente el amaranto (Amaranthus palmeris) y la coniza (Conyza canadensis), expertos de universidades proyectan incrementos de hasta 200 dólares por hectárea en costes asociados a los cultivos RH en 2010. Este aumento representa un considerable 28% de los ingresos por hectárea de soja respecto a los costes, según las previsiones optimistas de la USDA sobre ingresos para el cultivo de soja en 2010 (rendimiento medio 42 bushels; precio medio, unos 9,90 dólares). .

El panorama económico es mucho más sombrío para los agricultores con un rendimiento de soja (36 bushels) y precio de venta (6,50 dólares por bushel) medios que tengan que combatir malezas resistentes a los herbicidas. Este tipo de condiciones medias generará alrededor de 578 dólares de renta bruta por hectárea. El incremento de costes por hectárea de 198 dólares estimado para la soja RH representaría en este caso una tercera parte de los ingresos brutos por hectárea, siendo los costes totales de funcionamiento superiores a los 494 dólares por hectárea, dejando solo 84 dólares para cubrir los gastos de mano de obra, gestión, intereses, tierras y demás costes fijos. Un escenario así deja poco o ningún margen de beneficios para el agricultor.

El manejo de resistencias sigue siendo clave para mantener la eficacia de los cultivos Bt

El futuro de los cultivos transgénicos Bt es más prometedor, pero únicamente siempre y cuando se evite la aparición de resistencias. La industria de semillas, la Agencia de Protección Ambiental (EPA) y científicos de las universidades han colaborado eficazmente durante los últimos 13 años, esforzándose para vigilar atentamente y evitar la aparición de poblaciones de insectos resistentes a los cultivos Bt.

Pero en la actualidad algunos expertos argumentan que pueden relajarse las medidas de prevención de resistencias en cultivos Bt, señalando que la tendencia de la industria semillera a incorporar varias toxinas Bt a una misma variedad de maíz o de algodón debería reducir el riesgo de aparición de este problema. Aparentemente este argumento ha convencido a la EPA, puesto que recientemente ha autorizado la comercialización de varios cultivos Bt con unas disposiciones mucho menos estrictas sobre manejo para prevención de resistencias.

La experiencia indica que es prematuro disminuir la atención dedicada a la prevención de resistencias. Los insectos que dañan al maíz y al algodón tardaron entre 10 y 15 años en desarrollar resistencia a cada uno de los tipos nuevos de insecticida utilizados para control de plagas.

El algodón Bt lleva ya cultivándose 14 años, pero la superficie plantada no alcanzó la tercera parte del cultivo total de algodón hasta el 2000. Además, en 2003, aproximadamente justo cuando los expertos habían predicho que aparecería la resistencia en campo, fueron descubiertas las primeras poblaciones del gusano del algodón (H. zea) resistentes al Bt en campos de algodón en Mississippi y Arkansas en 2003.

Las variedades Bt para control del gusano de la raíz del maíz se han sembrado en una superficie importante desde hace solo 3 años (2007-2009), mientras que los híbridos de maíz Bt para control del barrenador oriental ocupan todavía solo algo más de la mitad de la superficie nacional. Para ambos tipos de maíz Bt, y especialmente en el caso del maíz Bt para control del gusano de la raíz, es demasiado pronto para afirmar con cierto grado de confianza que la aparición de resistencias ha dejado de ser un riesgo importante.

Tendencias futuras

Hasta ahora las empresas de biotecnología agrícola han dedicado la parte del león de sus recursos de I+D al desarrollo de solo dos rasgos biotecnológicos: la tolerancia a herbicidas y la resistencia a insectos. Los sistemas de control de plagas basados fundamentalmente en estas dos características están en peligro, en términos biológicos y económicos, por la sencilla razón de que fomentan una dependencia casi exclusiva de estrategias basadas en un solo componente -temporada tras temporada, año tras año, y en superficies muy extensas de cultivos. Estas condiciones representan una “tormenta perfecta” para la evolución y propagación de resistencias.

Nadie cuestiona seriamente que los cultivos RR hayan alcanzado una gran popularidad, en su mayor parte hayan sido eficaces, y casi neutros en términos presupuestarios para los agricultores. Pero han promovido una dependencia sin precedentes del glifosato para control de malas hierbas, y esta sobre-dependencia ha generado una creciente plaga de malezas resistentes y tolerantes al glifosato.

Dos de los principales actores de esta industria -Monsanto y Syngenta- ofrecen actualmente a los agricultores descuentos del orden de 30 dólares por hectárea por fumigar con herbicidas cuyos componentes actúen de modo diferente al glifosato. El programa de Monsanto incluso pagará a los agricultores por comprar herbicidas vendidos por la competencia, lo que indica hasta que punto Monsanto percibe que es muy grave la amenaza que pende sobre sus líneas de producción más rentables.

Mientras que para los productores de maíz, de soja y de algodón la expansión de malezas resistentes es una catástrofe anunciada que socava su balance económico, la industria de semillas y de plaguicidas vislumbra nuevas oportunidades de mercado y de ganancias tras la aparición de malas hierbas resistentes. Gran parte de las inversiones de la industria en I+D se están destinando al desarrollo de nuevos cultivos que resistirán dosis más altas de glifosato, o que tolerarán aplicaciones adicionales de herbicidas, o ambas cosas. En resumen, la respuesta de la industria es más de lo mismo.

Una importante empresa biotecnológica ha presentado y conseguido una solicitud para una patente sobre cultivos RH que pueden ser fumigados con productos de siete o más familias distintas de herbicidas químicos. Estas próximas generaciones de cultivos RH probablemente serán fumigadas con dos o tres veces el número de herbicidas aplicado habitualmente hoy día en los campos sembrados con variedades RH, lo que hará que siga aumentando el volumen total de herbicidas aplicados en este tipo de cultivos, así como el coste de los herbicidas.

Esta forma de abordar el problema de la rápida emergencia de malezas resistentes a los herbicidas es tan disparatada como rociar de gasolina un fuego con la esperanza de sofocar las llamas.

En vez de fumigar más, los agricultores deberían diversificar sus tácticas de manejo de malas hierbas, modificar las rotaciones de cultivos, seguir escrupulosamente los planes de manejo de resistencia a herbicidas recomendados, y utilizar más agresivamente el laboreo para enterrar las semillas con tolerancia a los herbicidas a una profundidad suficiente para evitar que germinen.

Los objetivos inmediatos más urgentes para agricultores, científicos y la industria semillera incluyen desarrollar sistemas de manejo de malas hierbas capaces de llevar la delantera a las malezas resistentes, asegurar que no se da marcha atrás al compromiso para conservar la eficacia de las toxinas Bt, y ampliar la oferta y la calidad de las semillas convencionales de maíz, de soja y de algodón. Este último objetivo probablemente termine siendo el más fundamental, puesto que la productividad de nuestro sistema agrícola y la calidad de gran parte de nuestro suministro de alimentos empieza por y depende de las semillas. www.ecoportal.net

* N. de la R. Este es el Resumen Ejecutivo del informe “Impactos de los cultivos genéticamente modificados en el uso de plaguicidas: los primeros trece años”, que fue escrito por Charles Benbrook, Ph.D., director científico del El Organic Center en Noviembre 2009 - Traducido por Isabel Bermejo y publicado por RAP-AL Uruguay.

Para acceder al documento completo ( en ingles ) clik aquí:
http://www.rapaluruguay.org/transgenicos/Prensa/13Years20091126_FullReport.pdf

 

Clima Inundaciones y Responsabilidades

Ecoportal.net

 

22-01-10 Por Luis E. Sabini Fernández

Qué tenía el territorio hace unas décadas, en algunos casos, hace unos años y que ahora no tiene? Monte. El “avance de la frontera agrícola” como le gusta decir al tecnoprogresismo ha significado desmonte. Mucho desmonte y preparación de tierra para cultivo en siembra directa. Hay palabras como “manejo responsable” que huelen a asesinato dichas por referentes del nuevo mundo agrícola; el mundo de los muchos dólares y los muchos enfermos. Claro, como recordaba Yupanqui, los enfermos son del pobrerío y los dólares, ajenos.



El clima siempre ha sido excusa de conversación. El “tiempo”, en realidad. –¡Qué tiempo loco! debe ser una de las muletillas más usadas. Al menos debe haberlo sido, en esas circunstancias, tan propias de ciertos fingimientos sociales, tal vez hoy en trance de desaparición, cuando uno no tenía de qué hablar y las circunstancias “obligaban” a ello.

Pero si el clima, el tiempo cotidiano, usando el mismo vocablo tanto para el estado meteorológico como para el decurso de lo temporal, en una época otorgaba ese vacío conversacional, en los últimos años vemos cada vez más a menudo, que se ha ido constituyendo en tema real de conversación.

Protegidos en las construcciones urbanas, porteños, montevideanos, tal vez no perciban tanto esta ominosa llegada de “los elementos”, pero parecen ser cada vez más “noticia”.

Andreas Malm, periodista sueco, se tomó el trabajo de investigar la cartografía mundial para 2007 y verificó un aumento de derrumbes, inundaciones, aludes, tormentas con tromba que superaba la media de años y décadas anteriores. (1)

Si nosotros apenas repasamos recortes periodísticos de los últimos dos meses, en Argentina, y seguramente se me pasan por alto varios “episodios”, tenemos en orden cronológico:

- a fines de noviembre, inundaciones en Concordia con el río Uruguay 12 m. por encima de su cota “normal”. Estas inundaciones sobre el Uruguay afectaron a muchísimas otras zonas y ciudades, como Salto o Paysandú, en Uruguay y a Concepción y Colón del lado argentino. Pero simultáneamente, producto de las mismas lluvias más al norte, el Paraná también aumentó tanto su nivel como para provocar inundaciones en Resistencia, Goya, Santa Fe.

- a principios de diciembre, Las Lajitas, en Salta, fue “sumergida” por precipitaciones pluviales de 200 mm.

- a fines de diciembre, con San Antonio de Areco como epicentro, la cantidad de agua acumulada en campos sojeros, al parecer para evitar sus propios anegamientos, fue canalizada hacia el río Areco que no pudo sino desbordarse. La información no dice si el desvío de las aguas a los canales y de los canales al río fue simultáneo, orquestado o qué, pero lo cierto es que en menos de dos horas el río puso a media ciudad bajo agua.

- a mediados de enero se descarga un nuevo temporal en la región cordobesa: la localidad de Justiniano Posse recibe 180 mm. en un rato. Media población bajo agua.

Éstas no son “casualidades permanentes” como le gustaba arbitrar a ese insulto al pensamiento que se llamó Menem. Esto tiene causas. Aunque no son nuevas. Lo que es nuevo es su reiteración y frecuencia.

Estos fenómenos tienen pocos precedentes. Por ejemplo, en la cuenca del río Uruguay se recuerdan las inundaciones de 1959, con marcas en las ciudades como Colón o Paysandú que no fueron alcanzadas ahora. Pero hay una diferencia fundamental: hace medio siglo no estaba la represa reteniendo la masa de agua que esta vez se retuvo y así y todo se llegó casi a los mismos niveles de inundación. Es decir, esta vez las precipitaciones fueron mucho mayores que en 1959.

¿Cuál es el elemento diferencial de los suelos que en el 2009 recibieron semejantes inundaciones? Qué tenía el territorio hace unas décadas, en algunos casos, hace unos años y que ahora no tiene?

Monte. El “avance de la frontera agrícola” como le gusta decir al tecnoprogresismo ha significado desmonte. Mucho desmonte y preparación de tierra para cultivo en siembra directa, una modalidad agrícola que retiene humedad y por lo tanto no absorbe más de la que ya tiene.

Desmonte y siembra directa facilitan, fomentan, dan lugar a una enorme escorrentía. Y a un enorme ingreso de dólares. Ya sabemos el funcionamiento de los líquidos. De arriba abajo, de la tierra a la cañada, al arroyo, al río. El del dinero es diferente; queda “arriba”.

Eso es lo que tenemos ahora. Por un puñado de dólares. Un buen puñado. Así son los acuerdos fáusticos. Los dólares no vienen incontaminados. Porque la modalidad agroindustrial no sólo ha significado desmonte a barrer. Ha significado también quimiquizar los campos. Y expulsar pequeños agricultores. Por eso, deberíamos decir que los dólares vienen muy … contaminantes, inundantes, desalojadores.

Piénsese por un instante el trastorno para la vida de contaminados, inundados, desalojados… los desplazados

Hay fuertes presunciones de que una agricultura con enormes aplicaciones energéticas, como es el caso del modelo agroindustrial de la soja transgénica, pese a sus posibles rotaciones, está haciendo una fuerte contribución al calentamiento global.

Sin embargo, sigue habiendo quienes quieren quedarse con la chancha y los veinte.

Es muy interesante examinar las “soluciones” que ofrecen los grandes beneficiados por el sistema de la soja transgénica y la globalizaciòn agroindustrial: procuran restañar “heridas” pero preservando “el sistema” que tan pingües negocios les ha reportado.

El Sr. Jorge Adámoli, ingeniero agrónomo y docente en Exactas y Naturales de la UBA, quiere alcanzar el impactante: “2-0-2-0”.(2) No es una cábala, aunque lo parezca. Es un juego aritmético para postular 20 millones de ha. de plantaciones de cereales y granos grasos (no especifica de qué tipo, pero ya sabemos, por los años transcurridos de contrarreforma agraria, que se trata de cultivos transgénicos) con el primer dos; abolición del hambre, “hambre cero”, es el primer cero. Con el modelo agroindustrial lo que vemos es una masa de campesinado pobre, despojado de tierra que pasa cada vez más hambre, paliada mediante “ayuda” que no dignifica, precisamente. La tercera cifra, otro dos, apunta a dos millones de toneladas de carne para exportación, lo cual no debe ser tan difìcil de lograr habiendo restringido la crianza a campos de concentración vacunos, llamados en english, faltaba más, feed lots, provistos de forraje por los campos cedidos a la agricultura. Y por último, ¡oh maravilla de aprendices de brujo! llegar con el último cero, a no tener “problemas ambientales”.

Obviamente, quien critique tan formidable meta es un loco de remate o un negativista contumaz.

Nuestro docente ve problemas, sin embargo. No en el envenenamiento de campos, cañadas, barriadas, cultivos, sino en que existe “una fuerte campaña de desprestigio impulsada por algunas organizaciones ambientalistas y sociales […] lo que existe en realidad es una sistemática y muy bien organizada campaña contra el agro, centrada en la soja.” No hay problemas; sólo los que los inventan.

Adámoli explica: “El combate a la pobreza y al hambre son obligaciones impostergables del Estado y las enti-dades vinculadas con el agro deberían exigir que se implemente en forma urgente un programa de Hambre Cero.”

¿Pero cómo, en medio del éxito del “avance de la frontera agropecuaria”, cómo en la sociedad de winners, como en la fiesta de 4x4, podemos hablar de hambrientos?

Sí, el mismísimo Adámoli (3) estimó a los pobres “del 30% al 40 %.” ¡Epa! Para la población argentina estamos hablando de 12 a 16… millones de seres humanos. No es una bicoca. Sin duda, los winners son menos.

Grobocopatel que sabe de esto una pizca más que especies antediluvianas todavía operantes, ha aclarado que “el nuevo modelo” remueve un poco… ¿qué? ¿tierras?, ¿títulos?, ¿desalojos? Y sí, de todo un poco. Y es prudente que la masa anónima de perdedores de la soja transgénica reciban algo para llenar la panza. Aunque sea soja transgénica (que es prácticamente el único renglón en que los winners son generosos).

Y Adámoli nos lleva así a una curiosa mixtura o simbiosis entre tecnologías hipermodernas y relacionamientos medievales, ¡ah la caridad!: “[…] es importante contar con la colaboración y supervisión de entidades reconocidas como Caritas [sic, debe ser por lo de Caritas y Caretas], Red Solidaria, Solidagro, etc.”

Pero, ¿cómo llegar a la última cifra, aquel cero de pureza ambiental? Adámoli sabe que hay agrotóxicos y que éstos son precisamente eso. “Para lo cual es necesario un fuerte programa para el manejo responsable de agroquímicos [quiere decir agrotóxicos, pero finamente].” Esta frase es como un mantra que referentes sojeros repiten con unción. (4)

¿Cuál es el manejo responsable? Durante esta década y media transgénica, los laboratorios han inundado alegremente de bidones de plástico no biodegradable los campos “de la patria”. Las montañas de muchos cultivadores llegan a varios metros de altura. Algunos, desesperados, puesto que ningún laboratorio se hace cargo del envenenamiento que produce, toman la determinación de quemar un puñado cada vez. Un par de metros cúbicos, los más moderados. Con lo cual logran contaminar con tóxicos de los peores que se conocen (plástico quemado) el aire de varios km a la redonda, probablemente alguna decena. Contaminación de cultivos nuevos, intoxicación de fauna y flora, microfauna y microflora, de abejas de apicultores y hasta de todos los pulmones de los mamíferos y aves del entorno.

Aparte, el uso “habitual” para tales recipientes: una lavada y ya están circulando con agua “potable” para animales, huerta o niños…

Hay palabras como “manejo responsable” que huelen a asesinato dichas por referentes del nuevo mundo agrícola; el mundo de los muchos dólares y los muchos enfermos. Claro, como recordaba Yupanqui, los enfermos son del pobrerío y los dólares, ajenos

En la visión de escaparate que tiene este docente de lo natural, sostiene, cerrando su nota, que para preservar la biodiversidad menguante hay que formar “corredores de conservación de biodiversidad”. No explica el ancho de semejantes corrredores… ¿veinte km, medio km, cincuenta metros?

Tiene que saber que 20 km tampoco alcanza. En todo caso, que imagine avatares que en laboratorios preserven la biodiversidad intacta. En el universo made in USA eso funciona. www.ecoportal.net

Luis E. Sabini Fernández - Docente del área de ecología de la Cátedra Libre de Derechos Humanos de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA. Editor de la revista futuros, del planeta, la sociedad y cada uno.

Notas:

(1) “Lo futuro ya está aquí”, futuros, no 12, Río de la Plata, diciembre 2008.

(2) J. Adámoli, “Visión estratégica para el agro”, Clarín Rural, Buenos Aires, 24/10/2009.

(3) En una nota firmada conjuntamente por Adámoli, Seminario y Winograd, “Los agronegocios del 2020”, Clarín Rural. 9 ene 2010. Un numerólogo podría hacerse una panzada no sólo con “los 24” de Maradona sino con estas cifras; el cero y el dos.

(4) “Manejo responsable de agroquímicos”, ob. cit. de Adámoli, Seminario y Winograd.

Miseria en la Cultura, Decepción y Depresión

Rebelion

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Leonardo Boff

 

En 1930 Sigmund Freud escribió su famoso libro El malestar en la cultura y ya en la primera línea denunciaba: «en lugar de los valores de la vida, se prefiere el poder, el éxito y la riqueza, buscados por sí mismos». Hoy día estos factores han alcanzado tal magnitud que el malestar se transformado en miseria en la cultura. La COP-15 en Copenhague nos dio la demostración más cabal: para salvar el sistema del lucro y de los intereses económicos nacionales no se ha temido poner en peligro el futuro de la vida y del equilibrio del planeta sometido ya a un calentamiento que, si no es encarado rápidamente, podrá exterminar a millones de personas y liquidar gran parte de la biodiversidad. La miseria en la cultura, o mejor, de la cultura, se revela por medio de dos síntomas verificables en todo el mundo: la decepción generalizada en la sociedad y una profunda depresión en las personas. Ambas tienen su razón de ser. Son consecuencia de la crisis de fe por la que está pasando el sistema mundial.

¿De qué fe se trata? Es la fe en el progreso ilimitado, en la omnipotencia de la tecnociencia, en el sistema económico-financiero, con su mercado, que actuarían como ejes estructuradores de la sociedad. La fe en estos dioses poseía sus credos, sus sumos sacerdotes, sus profetas, un ejército de acólitos y una masa inimaginable de fieles.

Hoy día esos fieles han entrado en una profunda decepción porque tales dioses se han revelado falsos. Ahora están agonizando o simplemente han muerto, y los G-20 tratan en vano de resucitar sus cadáveres. Los que profesan esta religión fetiche constatan ahora que el progreso ilimitado ha devastado peligrosamente la naturaleza y es la principal causa del calentamiento planetario. La tecnociencia que, por un lado, ha traído tantos beneficios, creó una máquina de muerte que sólo en el siglo XX mató a 200 millones de personas y es hoy capaz de exterminar a toda la especie humana; el sistema-económico-financiero y el mercado quebraron, y si no hubiera sido por el dinero de los contribuyentes, a través del Estado, habrían provocado una catástrofe social. La decepción está estampada en los rostros perplejos de los líderes políticos, que no saben ya en quién creer y qué nuevos dioses entronizar. Existe una especie de nihilismo dulce.

Ya Max Weber y Friedrich Nietszche habían previsto tales efectos al anunciar la secularización y la muerte de Dios. No que Dios haya muerto, pues un Dios que muere no es «Dios». Nietszche es claro: Dios no murió, nosotros lo matamos. Es decir, para la sociedad secularizada Dios no cuenta ya para la vida ni para la cohesión social. En su lugar entró el panteón de dioses que hemos mencionado antes. Como son ídolos, un día van a mostrar lo que producen: decepción y muerte.

La solución no estriba simplemente en volver a Dios o a la religión, sino en rescatar lo que significan: la conexión con el todo, la percepción de que la vida y no el lucro debe ocupar el centro, y la afirmación de valores compartidos que pueden proporcionar cohesión a la sociedad.

La decepción viene acompañada por la depresión. Ésta es un fruto tardío de la revolución de los jóvenes de los años 60 del siglo XX. Allí se trataba de impugnar una sociedad de represión, especialmente sexual, y llena de máscaras sociales. Se imponía una liberalización generalizada. Se experimentó de todo. El lema era «vivir sin tiempos muertos; gozar la vida sin trabas». Eso llevó a la supresión de cualquier intervalo entre el deseo y su realización. Todo tenía que ser inmediato y rápido.

De ahí resultó la quiebra de todos los tabúes, la pérdida de la justa medida y la completa permisividad. Surgió una nueva opresión: tener que ser moderno, rebelde, sexy y tener que desnudarse por dentro y por fuera. El mayor castigo es el envejecimiento. Se concibió la salud total, y se crearon modelos de belleza, basados en la delgadez hasta la anorexia. Se abolió la muerte, convertida en un espanto.

Tal proyecto posmoderno también fracasó, pues con la vida no se puede hacer cualquier cosa. Posee una sacralidad intrínseca, y límites. Si se rompen, se instaura la depresión. Decepción y frustración son recetas para la violencia sin objeto, para el consumo elevado de ansiolíticos y hasta para el suicidio, como ocurre en muchos países.

¿Hacia dónde vamos? Nadie lo sabe. Solamente sabemos que tenemos que cambiar si queremos continuar. Pero ya se notan por todas partes brotes que representan los valores perennes de la condición humana: casamiento con amor, el sexo con afecto, el cuidado de la naturaleza, el gana-gana en vez del gana-pierde, la búsqueda del «bien vivir», base para la felicidad, que es hoy fruto de la sencillez voluntaria y de querer tener menos para ser más.

Esto es esperanzador. En esta dirección hay que progresar.

* El autor es teólogo, filósofo e escritor

 Fuente:http://www.adital.com.br/site/noticia.asp?boletim=1&lang=ES&cod=44250

 

Tierra y Humanidad, Una Comunidad de Destino

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Rebelion
Leonardo Boff


 Tenemos que empezar el año con esperanza, pues urge hacer frente al clima de conmoción y de frustración que significó la COP 15 de Copenhague. Ciertamente, el calentamiento global comporta graves consecuencias. Sin embargo, desde una perspectiva más filosofante, no estaría destinado a destruir el proyecto planetario humano, sino que lo obligaría a elevarse a un estadio más alto para que sea realmente planetario. Urge pasar de lo local a lo global y de lo nacional a lo planetario.

Si miramos hacia atrás en el proceso de la antropogénesis, podemos afirmar: la crisis actual, como las anteriores, no nos llevará a la muerte sino a una integración necesaria de la Tierra con la Humanidad. Será la geosociedad. En ese caso, estaríamos entonces ante un sol naciente y no ante un sol poniente.

Tal hecho objetivo conlleva un dato subjetivo: la irrupción de la conciencia planetaria con la percepción de que formamos una única especie, ocupando una casa común, con la cual formamos una comunidad de destino. Esto nunca había ocurrido antes, es lo nuevo de la actual fase histórica. Es innegable que hay un proceso en curso que ya tiene miles de millones de años: la ascensión rumbo a la conciencia. A partir de la geosfera (Tierra) surgió la hidrosfera (agua), enseguida la litosfera (continentes), posteriormente la biosfera (vida), la antroposfera (ser humano) y para los cristianos la cristosfera (Cristo). Ahora estaríamos ante la inminencia de otro salto en la evolución: la irrupción de la noosfera que supone el encuentro de todos los pueblos en un único lugar, el planeta Tierra, y con una conciencia planetaria común. Noosfera, como la palabra sugiere (nous en griego significa mente e inteligencia), expresa la convergencia de mentes y de corazones dando origen a una unidad más alta y compleja.

Lo que nos falta, por el momento, es una Declaración Universal del Bien Común de la Tierra y de la Humanidad que coordine las conciencias y haga converger las diferentes políticas. Hasta ahora nos limitábamos a pensar en el bien común de cada país. Ampliamos el horizonte al proponer una Carta de los Derechos Humanos. Esta fue la gran lucha cultural del siglo XX. Pero ahora surge la preocupación por la Humanidad como un todo y por la Tierra entendida no como algo inerte, sino como un superorganismo vivo del cual nosotros los humanos somos su expresión consciente. ¿Cómo garantizar los derechos de la Tierra junto con los derechos de la Humanidad? La Carta de la Tierra surgida en los inicios del siglo XXI intenta responder a esta demanda.

La crisis global nos está exigiendo un gobierno global que coordine soluciones globales para problemas globales. Ojala no surjan centros totalitarios de mando sino una red de centros multidimensionales de observación, de análisis, de pensamiento y de dirección que tengan como objetivo el bien vivir general.

Se trata sólo del comienzo de una nueva etapa de la historia, la etapa de la Tierra unida con la Humanidad (que es la expresión consciente de la Tierra). O la etapa de la Humanidad (parte de la Tierra) unida a la propia Tierra, formando juntas una única entidad, una y diversa, llamada Gaia o Gran Madre.

Ahora estamos viviendo la edad de hierro de la noosfera, llena de contradicciones, pero aun así, creemos que todas las fuerzas del universo conspiran para que se afirme. Hacia ella está marchando nuestro sistema solar, quién sabe si toda la galaxia, y hasta incluso este tipo de universo, pues según la teoría de las cuerdas puede haber otros, paralelos. Es frágil y vulnerable, pero viene cargada de nuevas energías, capaces de moldear un nuevo futuro. Tal vez en este momento la noosfera sea solamente una llama trémula, pero representa lo que debe ser. Y lo que debe ser tiene fuerza. Tiende a realizarse.

Superar el Imperialismo Ecológico

Más allá del imperialismo ecológico

 


Jayati Ghosh


La disputa sobre el cambio climático no sólo es una batalla entre ricos y pobres: ilustra la futilidad de la obsesión del crecimiento económico. 

Y bien: la cumbre de Copenhague no transmitió  ninguna esperanza de cambio substancial, ni siquiera una indicación de que los líderes mundiales sean suficientemente conscientes de la vastedad y urgencia del problema. Pero, ¿constituye eso una sorpresa? Nada indicaba en el tan jaleado periodo previo a la cumbre que los organizadores tuvieran de verdad la ambición de cambiar su curso y detener o invertir un proceso de crecimiento claramente insostenible.    

Parte del problema reside en que la cuestión del cambio climático se describe cada vez más como competencia de intereses entre países. De este modo, la cumbre se ha interpretado como una lucha entre “los dos grandes culpables” –los EE.UU. y China– o entre un pequeño grupo de naciones desarrolladas y un pequeño grupo de países recién emergentes (el grupo de los cuatro,  China, India, Brasil y Sudáfrica), o en el mejor de los casos, entre países ricos y pobres. El legado histórico del crecimiento en el pasado de los países ricos, que tiene una repercusión adversa real, se deja sentir vivamente en el mundo en desarrollo. No se trata sólo del pasado: las emisiones per cápita de gases de invernadero en el mundo desarrollado multiplican todavía por mucho las de cualquier país en desarrollo, incluida China. Así que los intentos de los comentaristas del norte de cargar las culpas sobre algunos países por hacer descarrilar el resultado se ven en la mayoría de los países desarrollados como una prueba más de un enfoque esencialmente colonial.   

Pero describir esto como una lucha entre países pierde de vista el punto esencial: que la cuestión está vinculada a un sistema económico –el capitalismo– que depende de forma crítica del rápido crecimiento como fuerza impulsora, aunque este “crecimiento” no suponga una vida mejor para la gente. De manera que no se cuestiona la suposición de que los países ricos cuya población desciende deban seguir creciendo en términos de PIB, en lugar de encontrar formas distintas de crear y distribuir la producción para generar una mayor calidad de vida. No se debate el patrón de “crecimiento” de los países en desarrollo “con éxito”, que se ha producido en muchos casos al precio del aumento de la desigualdad, de mayor inseguridad material para un sector considerable de la población y un enorme perjuicio al medio ambiente.    

Puesto que dichas cuestiones ni siquiera se pusieron sobre la mesa en la cumbre de Copenhague, incluso un resultado con “éxito” sobre la base de una declaración común apenas sí habría señalado la clase de cambio que se requiere. Pero eso no significa que el problema haya desaparecido; de hecho, es más apremiante que nunca.    

Los optimistas creen que el problema se puede resolver con un resultado beneficioso para todos que se base en el crecimiento "verde" y las nuevas tecnologías que proporcionan una producción desmaterializada, de modo que el crecimiento tenga un impacto decreciente sobre el medio ambiente. Pero dicha esperanza se ve también limitada por la paradoja de Jevons (del economista decimonónico inglés William Stanley Jevons) [1], que establece que la expansión típicamente abruma de forma característica cualquier aumento de la eficiencia en el rendimiento de los materiales y la energía.    

Así se elucida en un libro importante de reciente aparición de John Bellamy Foster. [2] Foster sostiene que una reorganización racional del metabolismo entre naturaleza y sociedad debe dirigirse no sólo al cambio climático sino a la panoplia entera de problemas ambientales. “El inmenso peligro al que se enfrenta hoy la especie humana (...) no se debe sólo a las limitaciones del medio ambiente natural sino que se desprende de un sistema social trastornado que gira sin control y más concretamente del imperialismo norteamericano”. (pág. 105)   

¿Qué tiene que ver con esto el imperialismo? "El capital se abalanza contra barreras ecológicas que no pueden superarse a escala de la biosfera, como era anteriormente el caso, a través del "arreglo espacial" de la expansión geográfica y la explotación. El imperialismo ecológico  – el crecimiento del centro del sistema a tasas insostenibles, mediante la exhaustiva degradación ecológica de la periferia – está generando ahora un conjunto de contradicciones ecológicas a escala planetaria que ponen en peligro la biosfera en su conjunto". (pág. 249)  

Esto no significa que los intereses de la gente del centro se opongan inevitablemente a los de la gente de la periferia, puesto que en ambos casos se ven adversamente afectados por los resultados de esos desequilibrios ecológicos. Significa en cambio que va hoy en interés de todos nosotros pasar de una obsesión por un crecimiento que se dirige primariamente al aumento del beneficio capitalista a una organización más racional de la sociedad y de la relación entre la humanidad y la naturaleza.     

Así pues, existe desde luego una solución en la que todos ganan, pero que no puede basarse en el paradigma económico existente. La buena noticia es que las alternativas más humanas y democráticas también tienen la probabilidad de ser más sostenibles ambientalmente.    

Notas: [1] La paradoja de Jevons afirma que a medida que el perfeccionamiento tecnológico aumenta la eficiencia con la que se usa un recurso, lo más probable es que aumente el consumo de dicho recurso, antes que disminuya. Concretamente, la paradoja de Jevons implica que la introducción de tecnologías con mayor eficiencia energética puede, a la postre, aumentar el consumo total de energía.  [2] John Bellamy Foster, The Ecological Revolution: Making Peace with the Planet, Nueva York, Monthly Review Press, 2009.     

Jayati Ghosh es profesora de Economía de la Universidad Jawaharlal Nehru de Nueva Delhi, y secretaria ejecutiva de IDEAS (International Development Economics Associates). Colabora habitualmente con diversos medios periodísticos de la India, así como con varias organizaciones y movimientos sociales de corte progresista. Es también miembro de la National Knowledge Commission (Comisión Nacional para el Conocimiento) que asesora al primer ministro indio.

Futuro aumento de la temperatura global podría ser mayor de lo que se cree

El aumento en la atmósfera del dióxido de carbono podría tener un efecto mucho mayor en la temperatura del mundo que lo que se creía hasta ahora, advirtió un estudio publicado este sábado por la revista Nature Geoscience; según científicos de la Universidad de California y de la Universidad de Yale, el análisis de sedimentos en diferentes partes del mundo reveló que un incremento pequeño del dióxido de carbono (CO2) produjo un aumento sustancial de la temperatura hace unos 5 millones de años cuando era 3 ó 4 grados centígrados superior a la actual.

El CO2 y otros gases invernadero atrapan el calor en la atmósfera lo que aumenta la temperatura del aire y del mar y propicia cambios relativamente inmediatos en los niveles de vapor de agua en la atmósfera, las nubes y el hielo marino.

Estos cambios producen modificaciones de largo plazo en la superficie de las plataformas de hielo continental, la vegetación en tierra y la circulación oceánica, todo lo cual lleva a un aumento adicional de la temperatura global, indicó Christina Ravelo, profesora de ciencias oceánicas de la Universidad de California.

"Eso implica que los componentes más lentos del sistema de la Tierra pueden ampliar el efecto de los pequeños cambios en la composición del gas invernadero en la atmósfera", añadió.

 

 

Fuente: http://www.somosparaguay.com.py/despachos.asp?cod_des=30034&ID_Seccion=43

Ya no Tendríamos Tiempo Para Detener El Calentamiento Global

 

¿Es el calentamiento global inevitable?

 

Un estudio dice que, dado el actual sistema económico, es muy difícil evitar el calentamiento global.

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Quizás entre las predicciones más terroríficas de los últimos tiempos esté la que dice que el calentamiento global es ya imparable.
Según Tim Garrett, porfesor en la Universidad de Utah, las emisiones de dióxido de carbono no se pueden estabilizar, no ya disminuir, a no ser que la economía mundial colapse totalmente o se construya el equivalente a una central nuclear cada día. Algo que en la práctica parece imposible.

El estudio llega a varias conclusiones de las que se pueden extraer las siguientes a modo de resumen que:

- El ahorro de energía o la eficiencia no hacen que se consuma menos energía, en su lugar hace que la economía crezca y se acelere el consumo de energía.

- Existe una constante a lo largo de la historia que liga el uso global de la energía a la productividad económica acumulada ajustada por la inflación. Así que no es necesario considerar el crecimiento de la población y el estándar de vida para predecir el consumo de energía y la resultante emisión de dióxido de carbono.

- La estabilización de las emisiones al ritmo actual requeriría aproximadamente unos 300 Gigavatios de potencia de energía nuevos cada año libres de emisiones. O lo que es lo mismo, el equivalente a construir una central nuclear nueva cada día. Según Garrett no hay otra manera sin afectar gravemente la economía.

Algunos economistas han criticado fuertemente el estudio argumentando la carencia de conocimientos económicos de su autor. Garret se defiende que ha usado una aproximación económica a un problema que en realidad es físico y como consecuencia ha llegado a un modelo de crecimiento económico global diferente al convencional.
Garret considera que la civilización es como un motor térmico que consume energía y produce trabajo en forma de producción económica. Sin consumo de energía la civilización no valdría nada, es la energía la que mantiene el valor económico. Si nos faltase energía la civilización colapsaría.
Según él la acumulación del la producción económica en el curso de la Historia está ligada al consumo de energía por un factor constante evaluado en 9,7 ± 0,3 milivatios por dólar (ajustado por inflación). Llega a esta conclusión a partir de datos sobre el producto interior bruto y la estimación de la producción económica a lo largo de los últimos 2000 años. Luego investigó las implicaciones que esto tiene para las emisiones de dióxido de carbono.
Según Garret los economistas creen que se necesita tener en cuenta la población y el estándar de vida para estimar la productividad, pero que en su modelo la única cosa que se necesita es saber cómo de rápido es el aumento en el consumo de energía. Según él son precisamente la población y el estándar de vida los que se ajustan a la disponibilidad de energía.
Según Garret todo esto significa que la aceleración en las emisiones de dióxido de carbono es difícil que cambie pronto porque el uso de la energía actual está ligado a la productividad económica del pasado.
Según este modelo la civilización evoluciona en un ciclo de retroalimentación espontáneo mantenido sólo por el consumo de energía y la incorporación de materia medioambiental. Al crecer consume más y en consecuencia crece más y puede consumir más.
Lo más provocativo del modelo de Garret, y que es contrario a lo que creía antes del estudio, quizás sea la afirmación de que el ahorro de energía no reduce el uso de energía, sino que hace crecer la economía y por tanto el uso de energía. Según Garret hacer a la civilización más eficiente simplemente le permite crecer más rápido y consumir más energía.
“Sólo estoy diciendo que no es realmente posible ahorrar energía de una manera significativa porque la actual tasa de consumo de energía está determinada por la producción económica del pasado… Ahorrar energía hace sentir bien, y eso está bien, pero no debería de haber pretensiones de que esto marcará una gran diferencia.”
Pese a todo Garret continúa usando su bicicleta, tomando el autobús, utilizando una cuerda de tender ropa tradicional y una segadora de césped manual.
Según Garret a la hora de disminuir las emisiones de gases de efecto invernadero frecuentemente se discuten estrategias como el ahorro de energía, reducir la población, usar fuentes de energía alternativas… Pero casi nadie menciona una: disminuir el estándar de vida, que además se dará de todos modos si hay una fuerte crisis energética o si la economía colapsa.
Garret cree que el sistema es determinista. La población y el estándar de vida son sólo una función de la actual eficacia energética. Esto deja el cambio a fuentes de energía que no emitan dióxido de carbono como la única opción disponible. Pero para poder estabilizar las emisiones (no ya reducirlas) deberíamos de pasarnos a ese tipo de fuentes de energía a un ritmo de un 2,1% anual, que es el equivalente a construir una central nuclear al año.
“Si la sociedad invierte suficientes recursos en nuevas fuentes de energía que no emitan dióxido de carbono, entonces quizás pueda continuar creciendo sin aumentar el calentamiento global.”
Garret advierte que su estudio no es una invitación a la inacción, pero que no está claro que las decisiones políticas tengan la capacidad de cambiar el curso futuro de la civilización.

Fuentes y referencias:
Nota de prensa.
Ilustración: Crecimiento económico previsible para varios países. Fuente: Wikimedia.

Sorprendente: Llovió 300 Milímetros en Un Par de Horas En El Noreste Argentino

La deforestación, la alteración de cuencas hídricas y el calentamiento global se juntaron en una pequeña zona del Gran Chaco Americano para producir un aluvión que generó una repentina inundación en un pueblo del noreste argentino.

http://www.diarionorte.com/resizeimg.php?img=15963&Pwh=w&w=300

 

 

Los 280 milímetros caídos convirtieron en una gran laguna a Margarita Belén

 

Jueves, 26 de Noviembre de 2009 - Publicado en la Edición Impresa

 

En menos de diez días, tres grandes lluvias convirtieron a Margarita Belén en una gran laguna. La última del lunes, donde cayeron 280 milímetros en pocas horas, generó numerosos inconvenientes, con calles anegadas, agua adentro de las casas de los pobladores y una zona rural totalmente inundada, situación que afectó sobremanera a los pequeños productores de la zona, poniendo en riesgo la vida de sus animales.

 

Los problemas volvieron a repetirse en la localidad, sobredimensionados por las deficientes obras de zanjeos y desagües pluviales. Las nuevas fotos acercadas por los vecinos a NORTE dan testimonio de esta difícil realidad que deben soportar sus pobladores, tanto en sus calles, como en sus casas y pequeñas chacras.

Un total de 30 familias fueron evacuadas en la escuela 12, pero muchas ya volvieron a sus hogares quedando ayer solamente ocho. “Es que muchas no querían dejar sus hogares, por temor a que le roben sus pertenencias y se quedaban en sus casas”, explicó a NORTE la presidenta del Concejo municipal, Nidia Vechietti.

Al referirse a la situación soportada el martes, recordó que “estuvimos todos inundados”. “Esta situación se pareció a las de los años 86 y 94, pero esta vez llovió mucho de golpe”, recordó. Inmediatamente cuando paró de llover, el municipio salió a asistir a los damnificados: “El Consorcio Caminero prestó dos tractores y la comunidad colaboró con dos acoplados”, destacó la concejala. Ayer las aguas comenzaron a bajar convirtiendo a la localidad en un gran lodazal.

En las lluvias anteriores los desagües pluviales estaban tapados por falta de caños en los cruces de calles, las bocas de tormenta tapadas y desmoronadas. Otros por tener basuras y montañas de tierras, tubos de alcantarillas rotas, tapados por monturas de tierras, algunos desmoronados, falta de zanjeos, de cunetas y total falta de limpieza de las mismas, corte de calles hecha por palas sin señalización por los responsables de la ejecución del acueducto.